Ir al contenido principal

Entradas

Destacado

Este cuento se quedó sin ilustraciones

EL BUSCADOR

Fausto encontró una presa atrapada en su trampa para coyotes en el cerro. Era una noche que las nubes tapaban la luna y las estrellas.
Se acercó Fausto para capturar a la presa y en ese momento oyó una voz que lo llamaba por su nombre desde la caja.
—Fausto, déjame vivir y a cambio te revelaré un secreto muy valioso para ti.
Él dudó un momento, pero decidió que si la voz le llamaba por su nombre, al menos podía escuchar qué tenía que decirle.
—Te escucho. Dime el secreto y entonces te dejaré partir.
La voz le sonaba conocida, como si ya antes hubiera escuchado hablar a quien pronunció su nombre.
—¿Cómo sé que cumplirás tu palabra?
Fausto levantó la rejilla de la trampa y a pesar de la escasa luz plateada que se cernía entre las nubes y los árboles pudo distinguir la figura de un zorro.
—Si me dices quién eres, te dejaré salir antes de escuchar lo que tienes que decirme.
Los ojos de la criatura se cerraron y abrieron, entonces Fausto vio un resplandor rojo en ellos.
—Soy un…

Últimas entradas

Pulpo colosal

Claxon

Ardido

Poemitas

Himnos montañeses (por Bibek Bhattacharya, 2013)

Guam y la chingada

Jardines de pirañas