A un manifiesto (por Gabe)






¿Cuál es mi YO? ¿Lo he de ver en verdad como un yo o como un verdadero otro? El buscarlo, desgastándolo uno a uno es una tarea que comienza con la adolescencia. El hombre adolece de eso: de buscar. Pero se busca aquello que sea buscable, aquello existente a lo que se ha de tender. Pero si ni siquiera sabemos si ese YO a nuestra medida se encuentra en las vitrinas de las búsquedas. 

Tal vez el desgastar cada uno de mis supuestos yoes no es sino desgastar y desechar cada uno de mis NO-YOES. Tal vez se encuentre algo que consideramos que podemos sobrellevar a lo largo de la vida; un YO VOLUNTARIO, o un YO INFLUIDO, que a fin de cuentas no pierde su voluntariedad. Voluntariamente no se rechaza aquello que nos da la sociedad…

“Por años me he debatido en combate constante con mis tantos yoes, desgastándolos poco a poco, poco a poco”.

En la búsqueda de mi yo se va parte de la vida, hasta que uno decida que no puede ser otro yo, sino el que he adoptado. La vida del hombre se acaba y no es necesario haber visto morir al Sócrates del silogismo. Se sabe que todo hombre es mortal… así sea Superman al que su “súper” no priva lo “man…” porque murió con criptonita. 

Pero eso de que todo es absurdo, merece mayor atención y una lista interminable de hechos y dichos que lo hagan tan notorio como para no llegar a dudarlo. Como la mortalidad del hombre… Conocer ese absurdo que se desmenuza hasta lo absurdo…

“Dan ganas de destruirlo todo... el mundo se ve mejor completamente destrozado, cuando el absurdo se desmenuza hasta lo absurdo... nuestra limitación no alcanza a abarcarlo todo, aunque quisiera apoderarse de los mundos y de los soles, de las galaxias.”

“La vida es esa constante frustración de pretender trascender lo intrascendible, es esa enfermedad de estar, estar aquí por un momento sabiendo que al siguiente nos habremos ido, pero estar ligados, por el deseo, tan profundamente a este polvo, que intentamos quedarnos aquí aún después de habernos ido.”

Ante este desmadre surge una respuesta: la PALABRA. Toda ella tan misteriosa, tan inmaterial, tan humana, tan creadora... La palabra que al asesinar se hace POESÍA. Rendirle tributo a aquello que creemos que dominamos y que a final de cuentas nos domina.

La Poesía no pierde sus lazos, su necesidad de ser amorisante y amorisable. Ser influenciada e influyente… La palabra como presencia de algo, es más emocionante cuando eso es alguien, alguien por quien se ha perdido el poeta o el palabrista. Pero es verdad que ofrece un paraíso que es posible experimentar, no necesariamente analgente.

“Estoy condenado a sufrir la suerte de los que se atreven a entregarse a tal idilio: amar con locura una Diosa excelsa, que sí ofrece un paraíso verosímil en recompensa, un paraíso a la medida del hombre…”

La Palabra como vida y religión es un modo de ser, de existir; destruyendo el mundo con ella misma, como arma poderosísima, pero al mismo tiempo tan fugaz… he aquí el absurdo. Pero ¿qué cambiar en un mundo fugaz, si el cambio sería igualmente fugaz y no menos absurdo?


Simplemente GABE…
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