Hacia el destino



Hoy por la mañana en la estación San Cosme detuvieron el tren del metro en que viajaba porque un sujeto se acababa de arrojar a las vías, muriendo atropellado por la máquina. Tras unos minutos nos sacaron a todos, que bien cargado iba el tren, para sacarnos por una puerta lateral mientras las autoridades se ocupaban del cuerpo. Hablando de suicidios me parece muy narcisista terminar con la propia vida de esa manera, pues paralizó a toda la línea y sacaron a cientos de personas que seguro deberíamos tomar un taxi o dar una caminata hasta otra línea de transporte para llegar a nuestro destino. Llegar al destino. Quizás es el destino quien llega a uno y no viceversa. Entonces habría que cambiar la última frase por "encontrarnos con nuestro destino". ¿Sería el tren del metro el que en realidad iba hacia ese hombre y no viceversa?
Como no traía cigarrillos, me vi en la necesidad de comprar uno a esos vendedores que se ponen afuera de las entradas del metro. Y como no tenía mucha idea de cómo continuar mi camino, anduve hasta Insurgentes y me subí a un metrobús retacado hasta el culo. Una de esas joyas de vivir en la ciudad de México, sentirse siempre retacado hasta el culo.
Hace rato estuve siguiendo por tuíter una mesa redonda acerca de tuiteratura en que participaron varios tuiteros reconocidos -ninguno de ellos mujer-, y me quedé con la misma inquietud que ya tenía, de hasta dónde un tuit puede producir un cambio, más allá de su efímero recuerdo en la mente del lector, o en todo caso, su retuiteo. Pero eso no me impedirá mi nuevo propósito de volcarme de lleno a eso que llaman tuiteratura.
Saludos desde la hoguera

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