Viajar en camión

Viajar por la ciudad en un camión del transporte público es exponer los oídos a trovadores, cantantes y músicos que, durante el trayecto, como Gaspar Bautista, entretienen a los pasajeros por unas monedas.

From Experimentación

“La puerta se cerró detrás de ti y nunca más volviste a aparecer borraste para siempre la ilusión que había en mi corazón por ti” canta Gaspar a ritmo de bolero, mientras una muchacha con vestido a cuadros baja por la puerta de atrás.

De pie, hace malabares para no molestar a los pasajeros que se apretujan para bajar o subir, y recargado en el borde de los respaldos, sostiene contra su pecho la guitarra con cuerdas de metal a la cual sus dedos extraen melodías.

Lleva la camisa abierta hasta la mitad del torso, y el sudor de andar en la calle, el sudor de mediodía se le escurre por la frente, pero no deja pasar la oportunidad de bromear con el conductor y con los usuarios del transporte.

“Ustedes disculpen la voz rasposa de su servidor, uno se acaba, pero espero que estas canciones haigan sido de su agrado y Dios me los bendiga, ahí con lo que sea su voluntad (cooperar), lo que importa no es la cantidad sino la intención.

“A veces nos va mal, y a veces nos va peor” dice Gaspar, de casi 80 años, quien se inició en eso del canto cuando a los 13 su abuelo le regaló su primera guitarra, y desde entonces se gana el sustento gracias la música.

Y aunque siempre se agradece una moneda, comenta que no hay nada como una sonrisa, o un aplauso, que lo conmueven y lo motivan a seguir cantando con entusiasmo.

Terminada la interpretación, Gaspar baja de la unidad y se queda esperando en el parabús al camión que viene detrás, para probar suerte a bordo, a ver si saca dinero para comprar la leche y el birote, que cada vez cuestan más.
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