Acerca de monstruos






Una amiga del Octopato dice:
y tù què tal andas?
Cronopio estepario dice:
yo disfrutando de la patas pa' arribez de todas las cosas
Cronopio estepario dice:
es bien divertido
Una amiga del Octopato dice:
orale
Una amiga del Octopato dice:
la vdd si que lo es
Una amiga del Octopato dice:
yo tmb suelo hacer eso
Una amiga del Octopato dice:
aunque claro ... todas las cosas tienen que ver con cosas infantiles
Una amiga del Octopato dice:
pero aùn asì me divierto
Una amiga del Octopato dice:
jajaja
Una amiga del Octopato dice:
creo que cada dìa es una nueva oportunidad de perder años para mì jejee
Cronopio estepario dice:
aaay, ni que tuvieras tantos
Cronopio estepario dice:
hablas como viejita
Cronopio estepario dice:
a quién le preocupan los años
Cronopio estepario dice:
¿quién le teme al lobo feroz?
Una amiga del Octopato dice:
bueno
Una amiga del Octopato dice:
yyyyyyyyoooo no lo mato con la espada de mi hija
Cronopio estepario dice:
jaja
Cronopio estepario dice:
¿tiene una espada?
Una amiga del Octopato dice:
yeap
Una amiga del Octopato dice:
y mata monstruos
Cronopio estepario dice:
uuuy, tienes que prestármela
Cronopio estepario dice:
a la espada, o a tu hija con la espada
Cronopio estepario dice:
para que me mate mis monstruos
Una amiga del Octopato dice:
mmm creo que cada quièn debe matar los propios
Una amiga del Octopato dice:
pero bueno la espada la puedo usar yo porque de alguna manera confio en la espada de mi hija el efecto divino de la misma
Cronopio estepario dice:
bueno, entonces mátame unos cuantos monstruos, no seas malita y hazme el paro
Cronopio estepario dice:
no es que no pueda con ellos...
Cronopio estepario dice:
ejem...
Cronopio estepario dice:
es que a veces la fatiga de constantes batallas nos lleva al desfallecimiento, al borde del abismo
Una amiga del Octopato dice:
te los mato
Una amiga del Octopato dice:
con gusto
Una amiga del Octopato dice:
pam pam
Una amiga del Octopato dice:
ya matè dos
Una amiga del Octopato dice:
dònde hay otro dime dime
Una amiga del Octopato dice:
y ahora mismo le doy
Cronopio estepario dice:
detrás de ti
Cronopio estepario dice:
cuidadoooooo
Cronopio estepario dice:
(esos monstruos son ubicuos)
Una amiga del Octopato dice:
yaa
Una amiga del Octopato dice:
ya no estàn
Una amiga del Octopato dice:
los he desaparecido
Cronopio estepario dice:
ujuuuuu, gracias
Una amiga del Octopato dice:
no imaginarìas lo que les hice
Una amiga del Octopato dice:
les di un beso
Una amiga del Octopato dice:
sòlo quiieren cariño
Cronopio estepario dice:
¿y para qué querías entonces la espada?
Una amiga del Octopato dice:
pues para sentirme guerrera
Una amiga del Octopato dice:
es de plàstico despuès de todfo
Cronopio estepario dice:
entonces eran los monstruos fáciles, los que apaciguaste
Cronopio estepario dice:
deben estar escondidos los otros
Cronopio estepario dice:
acechando
Cronopio estepario dice:
en la penumbra
Cronopio estepario dice:
agazapados
Una amiga del Octopato dice:
mmm claro
Una amiga del Octopato dice:
si los sigues creando
Cronopio estepario dice:
para atacar por sorpresa y sas
Una amiga del Octopato dice:
cada vez seràn màs fuertes
Una amiga del Octopato dice:
y con t`ctcas antihumanas sùper poderosas
Cronopio estepario dice:
y a veces de desmonstruosean y se robotizan
Cronopio estepario dice:
sobre todo cuando duermo
Cronopio estepario dice:
son monstruos mecánicos
Cronopio estepario dice:
de esos que corres pero te siguen, lento, y te alcanzan por más que corras
Cronopio estepario dice:
una vez fui Forrest Gump en medio de la selva
Una amiga del Octopato dice:
oralee
Una amiga del Octopato dice:
que padres tus monstruos
Cronopio estepario dice:
te los presto si quieres
Una amiga del Octopato dice:
ojala pudieras, pero tengo suficiente con los que viven en mi conciencia
Cronopio estepario dice:
yo no tengo conciencia
Cronopio estepario dice:
me la embargaron
Cronopio estepario dice:
supongo que por eso no me caben los monstruos
Cronopio estepario dice:
y andan por ahí descarriados
Cronopio estepario dice:
¿dónde las venden?
Cronopio estepario dice:
ésa sí, no me atrevo a pedírtela prestada
Una amiga del Octopato dice:
no sè
Una amiga del Octopato dice:
de repente la tengo
Cronopio estepario dice:
¿no siempre?
Una amiga del Octopato dice:
no sè
Cronopio estepario dice:
yo menos
Cronopio estepario dice:
no eres buena promocionando conciencias, ¿sabes?
Cronopio estepario dice:
no te vas a ganar así tu comisión
Una amiga del Octopato dice:
jaja
Una amiga del Octopato dice:
te veo al rato voy a bañar a mi hija
Cronopio estepario dice:
sas
Una amiga del Octopato dice:
ups
Una amiga del Octopato dice:
prefiere comer palomitas
Cronopio estepario dice:
¿no se quiere bañar?
Una amiga del Octopato dice:
supongo que cuando se terine sus palomitas la meterè por la fuerza
(...)
Una amiga del Octopato dice:
me siento
Una amiga del Octopato dice:
que ni siento
Una amiga del Octopato dice:
o si siento es sentimiento sin sentido y pues
Una amiga del Octopato dice:
.... en una palabra
Una amiga del Octopato dice:
medio perturbada
Una amiga del Octopato dice:
pero bien
Una amiga del Octopato dice:
saliendo adelante con mis montruos
Una amiga del Octopato dice:
de los que no me quiero deshacer
Cronopio estepario dice:
a veces es un sentimiento encontrado hacia los monstruos, porque nos encariñamos con ellos
Una amiga del Octopato dice:
exacto
Cronopio estepario dice:
llegan a ser simpáticos los muy hijos de su...
Una amiga del Octopato dice:
jajaja
Una amiga del Octopato dice:
la vdd es que lo son desde el momento en que los creamos
Cronopio estepario dice:
sí, tienes razón
Cronopio estepario dice:
no te me acerques con tu razón, es contagiosa
Estando en esto me acordé que un tal Julio* había escrito algo acerca de los monstruos, y pensé, aquí queda como anillo al dedo:
Tema para San Jorge
Cada tanto a López le toca volver a trabajar porque ha descubierto que el dinero tiene una desagradable propensión a irse encogiendo, y que de golpe un grande y hermoso billete de cien francos sale del bolsillo reducido a uno de cincuenta y cuando menos se piensa éste se achica a uno de diez, tras de lo cual ocurre una cosa horrible y es que el bolsillo pesa mucho más y hasta se oye un tintineo simpático, pero esas agradables manifestaciones proceden tan sólo de unas pocas monedas de un franco y ahí te quiero ver. De manera que este pobre sujeto prorrumpe en cavernosos suspiros y firma un contrato de un mes con cualquiera de las empresas para las que ya tantas veces ha trabajado temporariamente, y el lunes 5 del 7 del 66 vuelve a entrar exactamente a las 9 a.m. en la sección 18, piso 4, escalera 2, y paf se topa con el monstruo amable.
Desde luego no es fácil aceptar la realidad del monstruo amable puesto que en primer lugar no hay allí ningún monstruo, qué va a haber un monstruo allí donde el jefe y los compañeros de oficina lo reciben con abrazos y cada uno le cuenta las novedades y le ofrece cigarrillos. La presencia del monstruo es otra cosa, algo que se impone como en diagonal o desde el reverso de lo que va sucediendo ese día y los siguientes, y él tiene que admitirlo aunque nadie lo haya visto nunca porque precisamente ese monstruo es un monstruo en cuanto no es, en cuanto está ahí como una nada viva, una especie de vacío que abarca y posee y escuchá lo que me pasó anoche, López, resulta que mi señora. Es así como casi en seguida se sabe del monstruo porque es increíble, pibe, prometieron un reajuste para febrero y ahora vas a ver lo que pasa, resulta que el Ministerio.
Si hubiera que demarcarlo, irle echando un talco de palabras para discernir su forma y sus límites, a lo mejor entrarían cosas como la pipa de Suárez, la tos que cada tantos minutos sale del despacho de la señora Schmidt, el perfume alimonado de Miss Roberts, los chistes de Toguini (¿te conté el del japonés?), esa manera de subrayar las frases con golpecitos de lápiz sobre la mesa que da a la prosa del doctor Uriarte una calidad de sopa batida con metrónomo. Y también la luz despojada de árboles y nubes que arrastra un plumaje mutilado por los cristales y las medialunas a las diez cuarenta, el ceniciento fluir de las carpetas de expedientes. Nada de eso es realmente el monstruo, o sí pero como una manifestación insignificante de su presencia, como las huellas de sus patas o sus excrementos o un bramido lejano. Y sin embargo el monstruo vive de la pipa o la tos o los golpecitos de lápiz, de cosas así se componen su sangre y su carácter, sobre todo su carácter porque López ha terminado por darse cuenta de que el monstruo es diferente de otros monstruos que también conoce, todo depende de cómo cuaja el monstruo, de qué toses o ventanas o cigarros circulan por sus venas. Si alguna vez supuso que el monstruo era siempre el mismo, algo ubicuo y fatal, le bastó trabajar en diferentes empresas para descubrir que había más de uno, aunque en cierto modo todos fueran siempre el monstruo en la medida en que el monstruo sólo se dejaba reconocer por él mientras sus colegas de oficina parecían no advertir su presencia. López ha llegado a darse cuenta de que el monstruo de la Place Azincourt, el de Villa Calvin y el de Vindobona Street difieren en oscuras cualidades e intenciones y tabacos. Sabe por ejemplo que el de la Plaze Azincourt es gárrulo y buen muchacho, un monstruo amable si se quiere, un monstruito siempre revolcándose un poco y dispuesto a la travesura y al olvido, un monstruo como ya no se usan casi, mientras el de Vindobona Street es agrio y seco, parece a disgusto consigo mismo y respira rastacuerismo y gadgets, es un monstruo resentido y desdichado. Y ahora una vez más López ha entrado en una de las empresas que lo contratan, y sentado ante un escritorio cubierto de papeles ha sentido poco a poco, entornando los ojos mientras fuma y escucha las anécdotas de sus colegas, la lenta inexorable indescriptible coagulación del monstruo que esperaba su regreso para verdaderamente ser, para despertar e hincharse con todas sus escamas y sus pipas y sus toses. Por un rato todavía le parece irrisorio que el monstruo lo haya estado esperando a él que es el único que lo detesta y lo teme, que lo haya estado esperando precisamente a él y no a cualquiera de esos colegas que no saben de su existencia y aunque la supieran se quedarían tan tranquilos, pero también podría suceder que sea por eso que el monstruo no existe cuando sólo están ellos y falta López. Todo le parece tan absurdo que quisiera estar lejos y no tener que trabajar, pero es inútil porque su ausencia no matará al monstruo que seguirá esperando en el humo de la pipa, en el ruido del carrito del café de las diez y cuarenta, en el cuento del japonés. El monstruo es paciente y amable, jamás dirá nada cuando se va López y lo deja ciego, simplemente seguirá allí esperando en su tiniebla con una enorme disponibilidad pacífica y soñolienta. La mañana en que López se instale en el escritorio, rodeado de sus colegas que lo saludan y lo palmean, el monstruo se alegrará de despertar una vez más, se alegrará con una horrible inocente alegría de que sus ojos sean una vez más los ojos con que López lo mira y lo odia.
*Viene en La vuelta al día en ochenta mundos palabreada por Julio Cortázar, la primera impresión allá para 1967, y en la versión que yo consulté (vigesimoquinta edición, decimoctava de bolsillo, 1996) para transcribirlo el texto aparece en la página 43 del Tomo I, por si aquello de que quiero consultarlo, o cualquier cosa.
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