Como salir a pasear





Cuando se trata de ponerme a escribir recuerdo esa frase perturbadora que escuché alguna vez en el camión, esa máxima adjudicable a un chófer de la ruta 632 me parece, "arrempújenle pa'tras de ahí de por a medias", y lo hago porque escribir es arrejuntar palabras, arrempujarlas, descolocarlas de su cómoda condición de pasajeras para producir en ellas el choque, el amasijo móvil de estarse encimando las unas sobre las otras. Uno se les queda viendo por el espejo colgado entre el parabrisas y el volante para asegurarse que se muevan y permitan la bajada y la subida, pero siempre recorriéndolas para que no se amontonen así por así, después de todo la bajada es por atrás.

Yo no muevo las palabras, digo recorrerlas porque con mis ojos de pistola las obligo a recorrerse, pero son ellas quienes se mueven, yo sólo las veo y en cierta forma las conduzco pero no del todo, ellas muy bien saben a dónde van y cuándo y cómo llegar aunque yo no tenga ni idea, llevo mi ruta y levanto cuanta palabra me lo pide pero el contacto es tangencial a pesar de intentar todo lo contrario.

No es para ponerse melodramáticos, quiero decir nuestros contactos con lo que creemos mundo son todos tangenciales y efímeros, pero uno nunca se acostumbra. Imagínate acostumbrarte a respirar, o a despertar por las mañanas sin algo de sobresalto y duda. Sería terrible, casi como toparse por la calle con una persona normal, me moriría de miedo y en el informe forense se haría constar la causa de muerte como desconocida y súbita. Qué más quisiera yo que andar de la mano con todas las palabras, llevarlas a la cama y darles de besos por todos lados, hay palabras tan lindas, pero no serviría de nada y por eso mejor contemplarlas en su trajinar, dejarlas andar por ahí, impúdicas y mortales, a veces con prisa y otras no tanto. Por eso escribir es como salir a pasear, pero para adentro.
1 comentario

Entradas populares