Listas

Hasta hace poco no había publicado en ninguno de mis perfiles de páginas web una lista de libros favoritos, y es por que no existía, no lo había pensado antes. Cuando te topas con la labor de realizar una lista como ésa, casi inevitable es pensar en todos los libros que te has leído y enumerarlos uno por uno para no dejar fuera de la lista los que de veras importan.


Entonces me di cuenta, son tan pocos los libros que he leído. A veces cuando voy a la biblioteca y contemplo los estantes por todos lados, retacados de volúmenes, poesía, novelas, enciclopedias, ensayos, a veces cuando voy a la biblioteca y me quedo pasmado ante la imponente solemnidad de su quietud me da coraje que no viviré lo suficiente para leerlo todo, yo tan poca cosa, lector pequeño pero apasionado, o a veces la biblioteca me desespera y entonces la dejo, abrumado, salgo a la calle a fumar unos Delicados preguntándome a qué demonios saben los Gauloises y pensando en la Biblioteca de Babel y proponiéndome dedicar el resto de mis días a buscar el libro de libros en ese laberinto de cámaras intercomunicadas y también repletas de libros, llegar quizás a la vejez y no decir he vivido, sino he leído, y luego con la sonrisa en toda la cara, sobre todo enmedio de la boca, dejarme llevar de regreso al polvo prístino.


Pero entonces cuándo y cómo escribir si sólo leo, porque también siento una puslión casi irrefrenable que me lleva a guardar palabras, de ésas que te encuentras tiradas en la calle junto a la cuneta, al borde de una alcantarilla; y leer sí, sería maravilloso pero dónde quedaría entonces mi labor de recopilar versos y voces e historias y ecos. El Octopato nunca me lo perdonaría. Por eso no quisiera llamarme escritor o lector, sino palabrista y ya. Palabrista de tiempo completo. Formar un sindicato, quizás, de palabristas que vendrían de todos lugares a palabrear interminables libros, cronopios la mayoría, y estaríamos tan a gusto que haríamos fiestas con disfraces de espantapájaros al alcance de todos.


Ayer vino a la escuela Sergio Pitol y escucharlo fue una dicha, me imaginaba desde siempre su voz pero sentirla en las orejas y en los ojos fue casi una culminación.




También estuvo Martín Solares y pensé cómo los sueños no existen, soñar es imposible, sólo se puede existir, sólo que nos negamos a aceptar que también existimos cuando estamos durmiendo y por eso inventamos que todo eso que sucede durante la inconciencia es mentira, nos negamos a aceptar que sí pasó, que estuvimos en Roma tú y yo y nos tomamos de la mano tú y yo cuando pisábamos las piazzas tú y yo y comíamos pizzas tú y yo.


Todo esto nos lleva a la conclusión siguiente: escribir una lista es divertido aunque sea una lista tonta: porque las listas tontas son más entretenidas: sobre todo cuando estás en clase de Chan: no es un apellido chino sino yucateco. Moraleja: más listas. Se me ocurre una lista de marcas de cigarro alrededor del mundo, una lista de posturas del kamasutra y una lista de pendejadas proferidas por mi hermano el Torris (aunque los profes -sin decir nombres- se avientan unas pendejadas rotundas, a veces). Por lo pronto ya escribí suficiente en el blog de hoy.
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