Nota de despedida, Elvira





Ayer te vi y eché a correr a tus brazos, me apresuré a abrazarte, corrí febril hacia ti pero cuando llegué ya te habías ido, ya no estabas, desapareciste frente a mis esperanzas recién formuladas y ellas se disolvieron en el viento. De veras te vi Mijail, pero quise abrazarte y eras otro, uno de ojos apagados, casi ojos ceniza, y me costó trabajo desdecir la angustia de haberme perdido sin ti sobre la acera.

Cuando te vi caminabas delante de mis incertidumbres cotidianas, ensanchadas por el enojo de haber sido máquina expendedora en un hueco sombrío de la oficina, casi valla transgredida, me reemputó ser tratada como servidumbre, el señor llegó a la recepción y dijo vengo a ver al licenciado Oropeza sin saludarme sin verme sin hablarme, no hablaba conmigo, picó un botón de la máquina yo, me despojó de existencia, exigía desde lejos, clicaba en mis oídos casi con furia pero sin verme y yo estaba ahí, o quizás no, quizás después de todo soy sólo un mueble de recepción para pasar llamadas al jefe y sonreír a los clientes, uno de esos aparatos multifuncionales y tontos, por eso quise abrazarte y sentir cómo tu barba se me metía en el hombro y tus palabras en mi desasosiego, quitarme por un rato las premuras, saber que existo contigo, contradecirme tocando tus manos que saben devolverme la euforia y controvertirme las preocupaciones.

Pero no caminaba detrás tuyo, detrás de tu risa de ariete contra los puentes levadizos; sólo lo supe cuando ya no podía volver sobre mis anhelos, eras otro y a ese otro de quien yo iba en pos nunca lo había visto, pero sólo me di cuenta cuando el semáforo en rojo me permitió estar cerca de ese que no eras tú. Luego la tristeza.

Yo quería que fueras tú Mijail, pero llevabas la cara enmarañada de tanto cansancio, te miré y ni lo advertiste, te di vueltas con todos los ojos y tú seguías lejos, atrapado quizás entre dos tiempos que no eran el tuyo, o más; entre dos cuerpos de inútil vaivén, o más. Yo te quise aquí cuando no estabas y te quiero como antes, o más, pero eres otro y no sé si soy yo la misma, no sé si soy la que te quiso entonces o si soy la que duda ahora en entregarse, ni sé cuánto podré seguir pretendiendo que ése a quien yo quería continúa caminando por las calles revueltas a la hora del check-out de la chamba y fumándose sus Lucky Strikes.

No sé y quizás nunca lo sepa, no sé si ya dejé de ser esa mujer que buscaba el refugio fácil de tus brazos, no sé cómo o porqué nos acercamos nos miramos nos nombramos nos descubrimos, no lo sé y sólo pensarlo me trastorna como aguantar un elefante en la cabeza, pero tampoco pretendo entender, sólo lo acepto, así sucedió y ahora tengo que partir, debo dejarte, te abandono y no es tanto que quiera apartarme de ti, ojos de fuego, pero necesito hacer frente a esa otra yo cuya voz proviene de tierras lejanas y de ecos remotos, cuyo clamor me ataca con ira desde tan lejos, cuya persistencia me vuelve insoportable estar aquí, con los demás y contigo, pero sobre todo conmigo, porque esas palabras son misiles apuntándome al pecho y los siento asediarme y no puedo continuar esperando que me destrocen, es una batalla solitaria ésta, inexorable, impostergable, y tampoco espero que tú lo entiendas, sólo quería decírtelo en breves líneas, asegurarte que en cada esquina abrazaré tu cuello, aunque no lo sepas porque te quedaste guardado en un lugar sin nombre, aunque ya no seamos nosotros y sólo seamos tú y yo. Tú vendiendo electrodomésticos, como siempre, y yo extrañándote a ti y extrañádome a mí, a esos que ya no somos. Mañana te veré Mijail, y echaré a correr a tus brazos. Adiós.
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