Fight Club

 



Acerca de Fight Club (el film, ninguna referencia al libro escrito por Chuck Palahniuk), un trabajo escolar que escribí en diciembre de 2005, pero continúa vigente...

El nombre de esta película, dirigida por David Fincher (1999), es un punto importante para comenzar el análisis de la misma. “Fight Club” hace referencia a una asociación cuyos miembros tienen en común el interés por la pelea, y esto resulta un poco contradictorio si se toma en cuenta que las riñas en general no unen. Tal vez si se practica la pelea como deporte (ya sea en las luchas o en el box) pueda existir alguna solidaridad entre quienes la practican, pero en el caso de la película no se hace referencia a un deporte en forma, o en particular. Por otra parte, también se puede identificar cierta referencia a la idea marxista de lucha de clases: una asociación congregada por la pelea, una clase que se opone a otra… durante el transcurso de la película existen ciertas escenas que parecen apuntar también hacia esta idea.

El enfoque de este análisis estará dirigido no tanto a la trama como a la filosofía subyacente a ella. Aquí será de ayuda resaltar algunos campos semánticos que brotan a lo largo de la película, y que son relevantes para comprenderla.


Una de las ideas constantes a lo largo de toda la película es la destrucción, impregnada de un nihilismo altamente corrosivo. Escombro, basura, degradación, bombas, combustión, explosiones, enfermedad, muerte… Todo esto puede observarse desde el inicio del film, cuando aparece el rostro del personaje principal, interpretado por Edward Norton, encañonado en la boca con una pistola por su alter-ego, interpretado por Brad Pitt. Es entonces cuando aquel empieza a describir el “Project Mayhem” (algo así como Proyecto Mutilación), una idea surgida de la mente perturbada de Tyler Durden, que consiste básicamente en la demolición de los edificios que contienen los datos de deudas bancarias.

¿Por qué destruir estos edificios? Por lo que representan. Para que todo pudiese comenzar desde cero, para volver a un estado primario de la sociedad donde no sería lo más importante la tecnología, o el dinero, sobre todo. 

Aquí emerge otro discurso, a través de un campo semántico de consumo: se habla de formaciones espaciales nombradas como compañías transnacionales (Planet Starbucks) en una escena donde aparece un bote lleno de basura, con envolturas vacías de diversos productos. Las corporaciones se apoderan del universo, y son sólo basura, envoltorios vacíos… así como aquellos que compran sus productos. Toda la vida gira alrededor del consumo de algo: “¿Qué tipo de juego de mesa me define como persona?” se pregunta el personaje cuyo nombre hasta este punto permanece incierto todavía (Cornelius, Rupert, o alguno de los otros estúpidos nombres que usa) mientras se pasea por su departamento-catálogo-de-revista; es decir que la identidad depende de los bienes de una persona, “las cosas que posees terminan poseyéndote a ti” dice Tyler Durden en el bar. Las distintas marcas comerciales pretenden que al comprar sus productos uno adquiere un estatus determinado, su importancia puede crecer o decrecer dependiendo de lo que compra alguien, y pretenden la diferenciación mediante la uniformación, cosa que es otra paradoja en sí. Ropa hecha en serie… hombres en serie.


Se presenta a la compleja sociedad moderna, completamente urbanocéntrica y tecnocéntrica, en contraposición a las sociedades nómadas de cazadores/recolectores que se alimentaban sólo de la naturaleza, sin sobre-explotarla, en una especie de Apocalipsis profetizado por Tyler Durden: 

En el mundo que veo, acecharás alces por los bosques del Gran Cañón, alrededor de las ruinas del Centro Rockefeller. Vestirás ropas de piel que te durarán por el resto de tu vida. Escalarás las gruesas enredaderas Kudzu que envuelven la Torre Sears. Y cuando mires hacia abajo, verás pequeñas figuras moliendo grano, poniendo tiras de carne de venado en el carril vacío, alberca de carros de alguna supercarretera abandonada.

Rechazo radical de la civilización. Tyler Durden es durante la película una especie de Mesías cuya misión auto-impuesta es destruir la sociedad viciada y decadente en que vivimos. Incluso se hace referencia a él como un dios en varios momentos de la película: “In Tyler we trusted” (deconstrucción de “En Dios confiamos”), o cuando pide a Norton que reitere su promesa tres veces (clara referencia a Jesucristo).


Sus enseñanzas son sencillas y claras, basadas en premisas lógicas que fácilmente convencen a la gente: “La publicidad nos tiene persiguiendo autos y ropa. Trabajando en empleos que odiamos para que podamos comprar mierda que no necesitamos (…) Hemos sido educados por la televisión para creer que algún día seremos millonarios y dioses de película y estrellas de rock, pero no lo seremos.” También sabe cómo motivar a quienes están con él: “Veo en el Club de la Pelea a los hombres más fuertes e inteligentes que hayan vivido… veo todo este potencial y lo veo desperdiciado”. La gente lo sigue, lo idolatra, lo mitifica, lo colocan en un nivel por sobre de ellos: “Nació en una institución mental y duerme sólo una hora por noche”, “–Nadie sabe cómo se ve. –Se hace cirugía plástica cada tres años”.

¿Quién es Tyler Durden? El problema es que así como nadie sabe quién es él en verdad, así tampoco él lo sabe. “¿Es Tyler un mal sueño mío, o soy yo el de Tyler?”, dice Norton en algún monólogo. Su identidad está rodeada de una constante ambigüedad hasta que por fin, después de muchas señales, aparece claramente la revelación de que los personajes interpretados por Norton y Pitt son en realidad uno sólo, nada menos que Tyler Durden.


El de Tyler Durden es un caso de trastorno de identidad disociativa, es decir personalidad múltiple. Edward Norton representa en un principio a un tipo retraído, cerrado y débil que, a pesar de vivir en la holgura burguesa proclamada a cada instante por el capitalismo como la forma de vida ideal, siente que es un perdedor, y por las noches el insomnio lo atormenta. Su estado perturbado provoca en él una búsqueda de paliativos a su tortuosa vida, tanto conciente como subconscientemente. Concientemente busca apoyo en grupos donde todos los integrantes tienen un problema similar entre sí, pero diferente al suyo, Tyler es un turista que busca quién lo acepte sin juzgarlo. Aquí existe una contradicción, ya que no está buscando ayuda en alguien “sano”, sino en alguien “enfermo”, además que él no pertenece al grupo, miente para que se le permita acercarse.

Por otra parte su subconsciente busca aliviar el problema mediante la creación de una personalidad que sea inteligente, capaz, y libre, una personalidad alterna que le permitiese ser como no se atrevía a ser, pero quería. Aquí entra otra vez en escena el nihilismo: Aniquilación. Para llegar a ser todo aquello que deseaba debía primero aniquilar todo aquello que lo encadenaba, y así lo hizo, se olvidó incluso de sí mismo, se auto-destruyó (aunque no por completo) y creó en su mente alguien fuerte a quien dio su nombre… Tyler Durden. Él mismo, enmascarado bajo su personalidad alternativa y tras haber perdido el maletín donde “tenía todo (…) mis camisas Calvin Klein, mis zapatos DKNY, mis corbatas AX”, hace explotar su departamento para liberarse del yugo impuesto por sus ataduras materiales, sus posesiones. Su objetivo era entonces convertirse en el Tyler Durden que había imaginado. Pero incluso ese Tyler Durden era cuestionable por su radical indiferencia hacia todo. La parte de sí que se mantenía aún viva (aquella que podría identificarse como femenina o más sensible) desde un principio reclamaba a gritos por esa irrupción en que había incurrido el yo reformulado (el yo excesivamente masculino y racional), no podía mantenerse indiferente ante la amistad con Bob, o ante Marla Singer: “Todo esto, la pistola, las bombas, la revolución, tiene algo que ver con una chica llamada Marla Singer”.

La relación establecida entre el Tyler imaginario y el Tyler real es desde todo punto insostenible, desde el inicio, ya que no pueden convivir sanamente personalidades tan disímiles en Tyler Durden. Dado que Marla se convierte en el motivo de todo su actuar, su elección final de una identidad, que sería el punto culminante de la película, tiene que ver también con ella. Es por eso que de un balazo aniquila por fin al Tyler Durden de antes (tanto el real como el ficticio), eligiendo esta vez uno que pueda estar con ella a partir de un escrutinio que toma lo más conveniente de ambos.


Tanto se ha hablado acerca de la destrucción del yo que no puede dejar de pensarse en una palabra: Nirvana, que según Borges significa precisamente apagamiento o extinción, pues al llegar a la iluminación el hombre comprende que el universo es ilusorio y puede renunciar a todo, sobre todo a sí mismo. Al parecer toda la película es también una búsqueda del Nirvana Budista, la vida misma de Tyler Durden se asemeja a la de Buda en sus etapas principales: vida acomodada, encuentro con el sufrimiento, vida ascética, iluminación (Nirvana), prédica. Otra muestra de la búsqueda del Nirvana es la lucha interna entre las personalidades distintas de Tyler (resaltada en símbolos como la tarjeta de presentación) como representación del Camino Medio u Óctuple Sendero predicado por Buda, así como distintos elementos Zen muy notorios, por ejemplo los símbolos de yin-yang (originalmente taoísta, que resulta irónico porque se le encuentra en un producto de consumo, la mesa de centro de Tyler) que representa el equilibrio entre el bien y el mal, o entre lo femenino y lo masculino; o las meditaciones a las que asiste en los grupos de apoyo, con una clara influencia de la filosofía Zen.

Aunque en algún momento la filosofía de “evitar el sufrimiento” interfiere indudablemente con el deseo de Tyler por tocar fondo, y es entonces cuando se echa mano de la más corrosiva destrucción, que puede encontrarse claramente representada en el momento que Tyler se quema a sí mismo la mano con sosa cáustica. Su primera reacción es evitar sentir el dolor tremendo que le produce la quemadura, utilizando las técnicas Zen de relajación que había aprendido, pero tiene que tocar fondo: “Primero tienes que rendirte. Primero tienes que saber, no temer, que algún día vas a morir (…) Es sólo después que lo hemos perdido todo que somos libres para hacer cualquier cosa”.

Como puede observarse en la cita anterior, la muerte es un elemento muy importante dentro de la película, se contrapone a la vida de una forma natural, aceptando que es parte del ciclo en que estamos inscritos por el simple hecho de haber nacido. Por otra parte, Tyler está constantemente buscando experiencias extremas, el dolor como forma de acercarse a la muerte. “Hemos tenido una experiencia cercana a la vida” (deconstrucción de cercana a la muerte), dice Tyler, dando a entender que vida y muerte son lo mismo, lo cual es otro argumento nihilista, equiparable a decir que la vida es agonía. Toda religión tiene una visión particular acerca de la muerte, y podría decirse que lo que forma Tyler Durden es una especie de secta/guerrilla de la cual él es el dios, profeta y comandante. La visión de la muerte que predica a sus “monos espaciales” es que ésta es lo único seguro. Al pedirles elegir sólo algo de ropa y dinero para su ataúd está diciéndoles que van a morir y es seguro, además el apelativo de “monos espaciales” vuelve a hablar no sólo de animales cuya muerte no importa, pues se están sacrificando por el Proyecto, por “el bien más excelso”, sino que además remarca el estado primario al que pretende hacer volver a la sociedad, en referencia a los orígenes animales del hombre.


Otro discurso que emerge a partir del entrenamiento de los miembros del Project Mayhem es el discurso antisistémico. En diversos momentos del film se muestra cómo los reclutas son adoctrinados a la manera totalitarista, haciéndolos escuchar repetidamente cuando trabajan frases que implican la ideología de Tyler, a través de altavoces; o imponiendo medidas incuestionables que deben memorizar. Les dice que no son especiales, lo opuesto a las ideas consumistas del capitalismo, pero en este afán por destruir al sistema Tyler incurre en una incongruencia también: pretende eliminar la uniformación enmascarada de los hombres que realiza el capitalismo, mediante la uniformación misma. Todos sus monos espaciales están vestidos exactamente igual (como un ejército). Sólo adquieren una identidad con la muerte, ya que en el Project Mayhem no hay nombres, pero al morir se convierten en alguien: adquiern el nombre de Robert Paulsen. También se puede identificar una lucha de clases, que se hace latente en el momento que Tyler amenaza al comandante de la policía para que detenga el Proyecto Esperanza, planeado para terminar con la oleada de atentados en contra de la civilización: “La gente que persigues es la gente de la que dependes. Nosotros cocinamos tus alimentos. Nosotros recolectamos tu basura. Nosotros conectamos tus llamadas. Manejamos tus ambulancias. Te cuidamos mientras duermes. ¡No nos jodas!”.

La contraposición entre Capitalismo y Comunismo como dos ideologías contradictorias también hace suponer que debe existir un Camino Medio entre la vida licenciosa y la vida ascética, tal como lo proclama el Buda. En el desenlace Tyler logra los objetivos del Proyect Mayhem, destruyendo los edificios con los datos financieros y destruyéndose simbólicamente a sí mismo, pero toda la película parece apuntar a que nada hubiera pasado a no ser por Marla Singer, quien al final encuentra a un Tyler destruido que le dice que todo estará bien. Ha terminado la etapa de su vida en que se busca a sí mismo, y ha logrado encontrar el Camino Medio que necesitaba. Es decir que necesita destruirse a sí mismo en función de alguien para que todo tenga sentido.


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