El patio de los edificios


(2005)



Esas pequeñas bardas que emergen al filo de los pasillos superiores, las que se asoman juguetonas hacia el patio central, parecieran estar dispuestas de forma tal que uno, a su vez, se sienta tentado a asomarse por sobre de ellas y ver detenidamente los cuadritos del piso, atrayendo con tal fuerza al cuerpo que la gravedad sale sobrando, pues más que atraer al cuerpo lo embrujan a uno incitándolo: a treparse en ellas convirtiéndolas en trampolín, a tirarse un clavado al suelo y desparramar la nuca en la zambullida. Mientras más alto esté la barda más seductora se presenta la caída. La altura estimula la imaginación menos suicida. Conoce el arte de la persuasión, oradora elocuente que excita cada célula al ofrecerle una deliciosa muerte. 




La melancolía lo aleja entonces a uno de este mundo más que cualquier barda a cualquier altura, y sin despedirse del piso se sale volando por donde se había venido. Qué desperdicio de suelo.

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