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La ciudad se enlumbreció
en todas sus esquinas
me arropó con sus manos de piedra
en su útero de asfalto
volví a la inocencia
y así desperté
para regresar a la violencia cotidiana
de motores incesantes rabiosos
de indiferencias abiertas
de intrusiva mercadotecnia
de ladridos de personas infernales
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