Días de lluvia



¡Qué pésima suerte! La lluvia arrojándose inclemente contra la Universidad como si la odiara sólo a ella, pero a Rodolfo en particular. Vaya día para que el zipper de la mochila, llena de libros de biblioteca, se rompiera. Si la cajetilla de cigarros rezumaba té de nicotina adentro, qué no sería de lo demás.

Un café humeante recién salido de la máquina en el pasillo no estaría mal, pero sucedió que no había cambio. Qué importa, él anhelaba un café.

“Lo sentimos, máquina atascada”, y diez pesos que iban a la basura. Por lo menos ahí venía Karelia.

—Hola.

—Adiós.
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