Frente al ordenador


Otra vez, otra vez. Computadora dos de la fila tres. En este cuarto piso del CCI nada es diferente día con día, excepto hoy. Por fin sé que se llama Karelia, pero falta aquí, ahora. Ayer la escuché decir a su amiga que hoy no vendría, por alguna reunión con sus compañeros de equipo, un trabajo urgente. Nuestro ritualizado mercado de sonrisas, sustitutas de palabras innecesarias, no existirá por hoy. Tal vez, tal vez mañana. “Afuera llueve. Todo el cielo”, dijo algún cronopio.

Tras estos límpidos cristales las nubes se desgarran; no sólo afuera, también adentro llueve, y llueve tanto.
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