Soledad



Qué extraña, exuberante voluptuosidad, aquella de observar a alguien así. Karelia no sabía cómo reaccionar cuando, tras el intercambio de miradas en un parabús casi desierto, cerca del Tec, descubrió indicios de maquillaje corrido en el rostro de… ¿Será? No… ¿Sí?

Ni siquiera recordaba su nombre, pero sí, iba con ella en la clase de las ocho. Qué hacer, qué decir.

—Tranquila.

Su intento de tranquilizarla, al extenderle compasivamente un pañuelo, se vio frustrado cuando la muchacha reventó en llanto. Ella se abrazó a Karelia sin decir palabra, y el ocaso terminó de oscurecerse allá en la avenida.
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