La cara del primer día



Todo comenzó como cada semestre, la presentación ritual de los maestros, el currículum vitae inevitable, los apantallamientos con títulos postdoctorales, las caras de perplejos o de pendejos de los alumnos, los parámetros de evaluación para la clase y la urgencia por hablar de cualquier cosa con los amigos.

Hubo sin embargo una muchacha que parecía más preocupada por la caída de las hojas en la clase de Emprendedor. Karelia. Su rostro giraba por dentro, llevada por el viento hacia quién sabe dónde, y el torbellino en sus mejillas la remecía hasta que de pronto sonrió, quién sabe por qué.
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