Desvanecimiento



A Karelia, como a todos los demás en el salón, le importó un bledo la elevada disertación filosófica entre Joel y el profesor. La diferencia fue que ella prefirió reponer en su butaca amplia y onírica las horas en velo (o desvelo) acumuladas por siglos.

Si el timbre sonó, o no ¿importa? En aquel apartado salón, alejada de todo el mundo, se refugió de sí en ella misma.

Y al despertar estaba tan indefensa que resumió todo su ser en un grito de angustia, al cual acudió casi inmediatamente un guardia de seguridad.

—¿Qué pasa?

—Nada.
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