Anticalaverita






Delgada, elegante, pálida,

su porte me cautivó,

como una negra crisálida

vestida muy agogó.

La seguí por callejones

a pasos enfebrecidos,

le pisaba los tacones,

embriagados los sentidos.

Se detuvo en una esquina,

hasta entonces la alcancé,

era la hermosa Catrina,

yo le invité un café.

Miróme con cierto azoro

pero al final aceptó,

empezamos con decoro

hablando y se anocheció.

-Eres linda, bella Muerte,

como siempre lo creí,

conocerte es mi suerte,

una caricia de ti.

Quisiera pasar la noche

abrazado a tus huesos,

quiero probar el derroche

de tu boca, de tus besos.

Vámonos a un motel,

para siempre hazme tuyo,

mi vida es un oropel

mas te la doy con orgullo.

Muérdeme Flaca la espalda,

rásgame toda la piel,

deja quitarte la falda,

como si fuera papel.

Toma mis brazos de arena,

mi pecho de pedernal,

y llévatelos, serena,

a su reposo final-.

La Parca tomó mi mano,

miró profundo mis ojos

con un fulgor sobrehumano

y cargó con mis despojos.
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