Nunca existió la República Democrática del Congo


 (2008, noviembre)



El hombre que gobernó, por más de treinta años, a la antaño colonia belga del Congo, unió ineludiblemente su historia a la de un pueblo que nunca fue una nación. Su nombre, Joseph Désiré Mobutu, quien emuló al rey belga como si de su reencarnación se tratara.

Nunca existió la República Democrática del Congo. El territorio fue, a finales del siglo XIX, un latifundio, propiedad privada del Rey Leopoldo II de Bélgica. Después el imperio belga asumió la explotación y administración del mismo, siguiendo inquebrantablemente la política delineada por el Rey. Sólo unos días duró la independencia, pues los conflictos internos y los intereses internacionales lo convirtieron, en 1960, en un enclave estratégico de disputa entre Washington y Moscú, que pretendían incorporarlo a sus respectivas áreas de influencia. Posteriormente, de 1965 a 1997, el régimen militar que tomó el control hizo eco de la estructura colonial de propiedad privada del país y se adueñó de los recursos naturales para el enriquecimiento de un hombre y sus secuaces, y la guerra civil que siguió a la deposición de ese hombre privó al pueblo congolés de la oportunidad de decidir su destino.

Por lo tanto, antes de explorar cómo funcionaba el régimen de Mobutu y las consecuencias que implicó, será necesario volver a la época colonial para describir el sistema.


Sistema colonial belga
La dominación del territorio del Congo fue una ambición personal de Leopoldo II, quien invirtió en la colonización a través de una compañía para la explotación de los recursos. Había sido él mismo quien convocara, en 1885, a los gobiernos europeos a la Conferencia de Berlín para la repartición de África, y negoció ahí las condiciones que consideraba mejores para llevar a cabo sus pretensiones empresariales. Sin embargo, cuando requirió capital para invertir, se vio obligado a recurrir al Parlamento belga y solicitar un préstamo, pero éste le fue negado por tratarse de sus intereses privados.

A la orilla del río Congo fundó una ciudad que llevó su nombre, Leopoldville (la actual capital del Congo, Kinshasa), y estableció un aparato militar, la Force Publique, y en 1888 se creaba el ejército colonial, que aseguraba la explotación de su territorio. En el Congo, Leopoldo II instauró un sistema de explotación a partir del trabajo forzado (que redujo la población a la mitad, produciendo la muerte de al menos 10 millones de personas durante el período colonial) para la obtención de caucho y de marfil (Adam Hochschild, 2003, julio 7), e invirtió en infraestructura, planeada para maximizar rendimientos y no para beneficio de la población.


Su justificación para la colonización, a nivel retórico, consistía en asumir una misión civilizadora, pero durante su dominio los abusos fueron constantes, ya que era fundamental doblegar a las jefaturas locales, consideradas como núcleos de resistencia, por lo cual también apoyó a criminales como Tippu Tip, un mercenario local encargado de abastecer de esclavos los mercados árabes.

Cuando, en 1908, el Parlamento Belga desposeyó a Leopoldo II de sus territorios y asumió la el control colonial, la situación no cambió para los africanos.

La administración belga que sucedió al Rey en el Congo perfeccionó ese sistema de explotación, manteniendo la estructura tributaria coercitiva y usando la Primera Guerra Mundial como pretexto para reinstaurar la recolección forzada de impuestos y la conscripción obligatoria, que permanecieron hasta la década de 1950 (Carole Collins, 1993, junio). El modelo colonial también contemplaba la represión, y un sistema de segregación racial inspirado en el apartheid sudafricano, que en cuanto fue pactada la independencia favoreció el amotinamiento de los soldados africanos contra oficiales europeos del ejército.


Una independencia sorpresiva
En enero de 1960, sorpresivamente, el gobierno belga accedió a otorgar la independencia en junio, luego de celebrar elecciones populares en mayo. Patricio Lumumba resultó ganador, aventajando incluso a Joseph Kasavubu, un antiguo promotor de la independencia.

Lumumba era un líder popular anticolonialista cuyo carisma le había valido el apoyo popular de muchos grupos políticos con intereses distintos, y había formado el partido Movimiento Nacional Congolés (MNC), con el cual participó en la conferencia de Accra para la unificación africana, mientras que Kasavubu, no tan carismático y percibido por la comunidad internacional como un político débil, lideraba el partido étnico Asociation des Bakongo (Abako).

No hubo preparación para el autogobierno, la independencia se dio sin transición. No había conciencia política ni prácticas de participación ciudadana: el voto y la formación de partidos no fueron permitidos sino hasta 1957, todavía en 1960 se mantenía la prohibición de la libre expresión, la libre asamblea y el libre tránsito, lo cual dificultaba la toma de decisiones colectivas, pues la gente no estaba familiarizada con la política.

La forma en que se había diseñado la explotación colonial de los recursos daba lugar a antagonismos regionales y fragmentación política: en el año anterior a la independencia se crearon más de cien micropartidos regionales de índole étnica, geográfica o basados en un líder aglutinante. Lo único que tenían en común esos partidos era la exigencia de una independencia inmediata.

La independencia del Congo se otorgó formalmente el 30 de junio de 1960, con Kasavubu como presidente y Lumumba como primer ministro, elegidos por los miembros del Parlamento. Sin embargo prevalecía la estructura colonial heredada del gobierno belga, y esto era mucho más evidente en el ejército, donde los oficiales europeos continuaban ostentando los mayores rangos y se negaban a delegar sus puestos a oficiales africanos mientras no se estabilizara el gobierno civil. La percepción de los africanos en el ejército fue que la independencia los había dejado de lado, y cuatro días después ocurría un amotinamiento.


A las agresiones en contra de oficiales europeos y las revueltas dentro del ejército se siguieron algunos asesinatos de civiles extranjeros, lo cual Bélgica tomó como pretexto para enviar sus tropas, con la pretendida finalidad de proteger a los belgas en peligro, cuando en realidad tenía propósitos neocoloniales de dominación económica y política.


La crisis de 1960 y el primer golpe de estado
Tres eventos principales propiciaron que en 1960 se presentara la llamada “crisis del Congo”:


  • El amotinamiento de soldados congoleses contra sus oficiales europeos. Algunos extranjeros fueron asesinados en las revueltas, lo cual Bélgica tomó como pretexto para enviar tropas y alentar la separación de la provincia de Katanga, que concentraba la industria minera.
  • Cuando Moise Tshombe, líder separatista, declaró la independencia de Katanga, la provincia de Kasai (productora de diamantes) siguió su ejemplo, ambas por instigación de Bélgica, Sudáfrica y Rhodesia (Zimbabwe).
  • El envío de tropas belgas, que violaba el acuerdo de independencia en que se comprometían a sólo intervenir por petición del gobierno congolés.
La separación de las provincias de Katanga y de Kasai dejaba al Congo desvalido, pues en gran medida dependía de los recursos generados en éstas, por lo cual para el gobierno congolés era impensable permitir la secesión.

Así, tomando en cuenta la importancia política y económica de mantener la unidad territorial, y percibiendo la intromisión de tropas belgas como un acto intervencionista, el gobierno congolés recurrió a las Naciones Unidas pidiendo auxilio internacional. En principio Lumumba y Kasavubu acudieron a la ONU para apaciguar el levantamiento en Katanga, pero ante la manifiesta renuencia mostrada por las fuerzas de paz para proteger la integridad del Congo, Lumumba solicitó en septiembre el apoyo soviético y adoptó una postura anti ONU.

El asunto polarizó las tensiones entre los dos grandes bloques políticos enfrentados (liberalismo y comunismo), paralizó la toma de decisiones de la ONU por muchos años, fue el umbral de la incursión de la “Guerra Fría” en África y detuvo la transición del Congo de un gobierno colonial a uno democrático.

Con la decisión de intervenir, la ONU, dejó de ser parte mediadora para convertirse en parte involucrada, tanto en la política interna del Congo como en la “Guerra Fría”, por todo lo cual los Estados que habían apoyado la Operación de la ONU en el Congo retiraron sus tropas y su respaldo político (sobre todo los africanos y no alineados).

La mutua destitución de sus funciones entre Kasavubu y Lumumba produjo una crisis constitucional, que en la ONU no obtuvo respuesta pronta sino que evidenció la falta de capacidad tanto del Consejo de Seguridad como de la Asamblea General para tomar acuerdos.


Estados Unidos y el Secretariado de la ONU tomaron partido por Kasavubu. La colaboración entre la ONU y los Estados Unidos en contra de la URSS, a quien se percibía como el mayor de los peligros, obstaculizaron la resolución del conflicto del Congo. Según Carole Collins (1993, junio), los Estados Unidos buscaban evitar que el respaldo soviético para el anticolonialismo en África les permitiera extender su influencia, y pagaron 100 millones de dólares al año para mantener la Operación en el Congo.

La ONU, dejando de lado su pretendida imparcialidad, entregó un millón de dólares al General Joseph Désiré Mobutu (quien el 14 de septiembre dio un golpe de Estado, propiciado por la crisis constitucional) para garantizar su lealtad con Kasavubu y pagar al ejército todo lo cual levaría al encarcelamiento y posterior asesinato de Lumumba el 17 de enero de 1961.

Con Lumumba fuera del juego, Mobutu devolvió el poder al presidente Kasavubu en febrero de 1961, pero se retiró con sus simpatizantes a la provincia de Kisangani, donde estableció un poder militar de facto. Dado que las provincias rebeldes permanecían sublevadas, a ocho meses de su independencia el Congo estaba dividido en cuatro entidades políticas separadas: Katanga del Sur (controlada por Tshombe), Provincia oriental de Kisangani (controlada por Mobutu), Kasai del Sur y Kinshasa (controlada por Kasavubu).


El segundo golpe de estado y la oligarquía militar
La misión de las Naciones Unidas logró comprometer a un gobierno de unidad nacional al derrotar al ejército de Katanga del Sur y reintegrarlo al Estado congolés, pero los sobrevivientes de ese ejército huyeron a Angola para evitar represalias.

La división territorial evidenciaba una desintegración del ejército, que en ausencia de una lealtad militar al Estado-nación, profesaba una lealtad a estructuras de poder subnacionales.


Kasavubu obtuvo la cooperación del líder separatista de Katanga, Moise Tshombe, al nombrarlo primer ministro, y trabajaron en la reconstrucción del ejército para doblegar a los separatistas restantes, reclutando mercenarios y katangueses que habían huido a Angola.

Para septiembre de 1965 ya había derrotado a los insurrectos, pero reaparecieron los reclamos políticos de base étnica y los grupos en el poder se polarizaron, lo cual sirvió como pretexto a Mobutu para lanzar un segundo golpe de estado el 24 de noviembre. El golpe estuvo maquinado por la CIA, que había buscado así anular a los grupos socialistas que luchaban por el poder.

Mobutu prometió que devolvería el poder a los civiles tras cinco años de control militar, pero nunca sucedió así. Primero, el problema de la legitimidad del régimen lo asumió integrando a 22 civiles en su gobierno, pertenecientes a todas las facciones políticas de las diversas regiones del país. Sólo uno de los miembros de su gobierno era militar pero fue destituido por temor a que su popularidad entre las tropas le diera mayor poder que a Mobutu.

El periodo 1966-1974 se caracterizó por un monopolio oligárquico del poder, ostentado por el ejército. Según las definiciones de Morris Janowitz (en Kasangani Emizet, 2000, diciembre), en esta primera etapa podría describirse al régimen mobutuísta como una oligarquía militar, legitimada a través de controles subjetivos (políticas populistas, estructuración vertical del partido, propaganda ideológica de partido, purgas y ascensos) y objetivos (modernización del ejército, aumento de gasto militar, nombramientos en el gobierno para quienes habían apoyado el golpe) que minimizarían la posibilidad de nuevos golpes de estado.

Para obtener el respaldo popular, Mobutu proclamó a Lumumba como héroe de la revolución y se apropió de sus principios nacionalistas (al menos en la retórica). A partir del grupo mobutuísta que dio el golpe de 65, que se hacía llamar “Compañeros de la Revolución”, conformó el Movimiento Popular de la Revolución (MPR) y en 1970 lo institucionalizó, mediante enmienda constitucional, como partido único, de tal manera que cualquier opositor era considerado como un enemigo del pueblo.


Los militares se opusieron a la implantación del partido en el ejército: mientras que la vieja oligarquía pretendía profesionalizar el ejército y desvincularlo del poder civil, Mobutu intentaba politizarlo para mantener un mayor control de éste.

A partir de 1971 el nacionalismo promovido por Mobutu adquirió un tinte tradicionalista africano: renombró al país como Zaire, se autonombró Mobutu Sese Seko Kuku Ngbendu Wa Za Banga (que significa “el guerrero todopoderoso quien, debido a su fuerza y a su inflexible voluntad para vencer, va de conquista en conquista, dejando fuego por donde pasa”) y prohibió todo nombre cristiano, además de nacionalizar las escuelas católicas y prohibir los trajes a la europea de tres piezas. En 1973 declaró la nacionalización de pequeñas y medianas empresas, con lo que iniciaba una política económica paternalista y populista para ganar la simpatía de la gente.


Control autoritario personalizado
De 1975 a 1986 el régimen se volvió más autoritario y pasó a estar basado en el clientelismo, la corrupción, las purgas, las conspiraciones, el faccionalismo y un férreo aparato coercitivo, como lo plantea Emizet Kisangani (2000, diciembre). Mobutu retiró a los militares del proceso de toma de decisiones y los relegó políticamente.

La mejora del ejército, en los años anteriores, había hecho nacer ambiciones políticas entre los oficiales jóvenes, por lo cual Mobutu, temiendo un golpe de Estado, redujo su participación en asuntos políticos y comenzó a concentrar todas las facultades de gobierno.

En 1974 modificó la estructura de las fuerzas armadas, debilitando su cohesión. En el gobierno había un Consejo Legislativo rudimentario que garantizaba la personalización del Estado bajo el mandato de Mobutu, quien después se proclamó líder supremo de la nación. Mientras que el ejército era politizado, el ala joven del Partido era militarizada como fuerza de mantenimiento del orden. De esta manera disminuía la posible oposición de los altos rangos del ejército.


Más adelante, con el pretexto de suprimir una supuesta conspiración en su contra, organizada por grupos opositores con ayuda del extranjero (sugirió que estaba involucrada la CIA), en 1975 depuró el ejército: ejecutó a algunos oficiales de la vieja guardia, aisló a otros en provincias lejanas y ascendió a muchos oficiales jóvenes. A partir de entonces reorientó el papel del ejército a la aplicación interna de la ley más que a la defensa externa.

Sin embargo, el Frente Nacional para la Liberación del Congo, alojado en Angola, atacó en 1977 la provincia de Katanga (donde se concentraba el 60 por ciento de la producción nacional) para bloquear el suministro de recursos y desestabilizar a Mobutu. El ejército zaireño fue derrotado porque había sido debilitado por el General, además que había problemas con los salarios, por lo cual fue necesaria la intervención europea. Mobutu había promovido un sistema de lealtades en el ejército con el cual ascendía a los oficiales por sus posiciones políticas, no por sus calificaciones castrenses: en 1980 el 90 por ciento del personal del ministerio de defensa provenía de la provincia de Ecuador, como Mobutu, y era de su etnia, los ngbandi.

Sólo logró someter a los rebeldes, en 1978, gracias al apoyo de ejércitos extranjeros. La intervención de Estados Unidos y Europa en los conflictos internos de Zaire, como parte del juego de influencias de la “Guerra Fría” permitió a Mobutu mantenerse en el poder, debilitando al ejército para evitar oposición interna y confiando en el apoyo de sus aliados Occidentales. Para el final de 1980 había destruido moralmente la capacidad de combate del ejército.


Partido autoritario de masas
De 1980 a 1986, el ejército había sido politizado del todo (es decir, había perdido su neutralidad respecto al gobierno y apoyaba sólo al partido de Mobutu), y fue completamente excluido de las decisiones políticas por el poder de un gobierno autocrático encarnado en el gran líder. El dictador se volvió absoluto y conformó grupos paramilitares que garantizaran su seguridad y debilitó el aparato militar.

Alemania Occidental financió y dio apoyo técnico para crear la Guardia Civil, el grupo paramilitar encargado de proteger a Mobutu.

El ejército se dividió en unidades que funcionaban bajo el control de patrones extranjeros: Bélgica, China, Israel, Corea del Norte, Francia y Alemania Occidental. De esta manera Mobutu garantizaba la intervención extranjera a su favor en caso de detectar alguna amenaza y neutralizaba cualquier intento de golpe de estado.

La división del ejército permitió a Mobutu reforzar su poder. Cada unidad estaba siempre lista para combatir a otra que pudiera representar un peligro, pero debido al aislamiento en que se les tenía, los soldados se dedicaron a la rapiña y a la extorsión del pueblo, sobre todo en las provincias interiores.


De vuelta a la oligarquía militar
De 1986 a 1990, tras el debilitamiento del aparato de defensa, que descansaba completamente en el apoyo externo, Mobutu se abocó a comprar las lealtades de los oficiales ofreciéndoles el control de los recursos en las regiones a su cargo, ya que el malestar derivado de la corrupción del ejército hizo al General temer una insurrección popular. Los mandos militares se involucraron más en la política y la participación civil volvió a ser limitada. Había terminado el paternalismo de Estado, que neutralizaba la inconformidad popular, y Motubu había entregado a sus generales el país para que lo administraran como empresas de su propiedad y se enriquecieran sacando provecho, emulando el viejo sistema colonial belga.


Democratización fallida
Tras la caída del Muro de Berlín la comunidad internacional empezó a presionar al régimen militar zaireño para liberalizar sus políticas. La Unión Soviética había dejado de ser una amenaza, y Estados Unidos ya no tenía necesidad de usar a Zaire y favorecer a Mobutu para contener al comunismo.

La liberalización que sobrevino en 1990 fue controlada por el ejército, lo cual produjo descontento popular, expresado en manifestaciones y marchas en las ciudades, que fueron violentamente reprimidas, por lo cual las naciones extranjeras suspendieron su ayuda económica y militar al régimen. Esto permitió al movimiento popular continuar sus actividades, y con la democratización aparecieron varios partidos políticos, que organizaron una Conferencia Nacional Soberana, en la cual la postura reformista se enfrentó a los partidarios del régimen, en gran polarización, pero el ejército se oponía a favorecer una mayor democratización y no tardaron en estallar enfrentamientos a lo largo de todo el país, atizados por Mobutu para desacreditar a la Conferencia.

En 1992 la Conferencia Nacional Soberana decidió instaurar un Parlamento de transición para proclamar una nueva constitución, y eligió un primer ministro, Etienne Tshisekedi, para controlar las fuerzas armadas. Esto pretendía anular la manipulación política de Mobutu, despolitizar el ejército, reducir la percepción de que éste se oponía a la democratización, y disminuir el nivel de violencia política.

Sin embargo, el ejército temía el fin de sus privilegios, consagrados gracias al sistema de patronazgos establecido por el régimen militar a finales de la década de 1980, que les ofrecía ventajas económicas y políticas, y por tanto se rehusaron a ceder.

Cuando Mobutu intervino en 1993 para evitar las sesiones parlamentarias, sobrevino una lucha armada en Kinshasa dejando mil 200 muertos y la ciudad en ruinas. Además, los partidarios del régimen promovían las rivalidades étnicas para frenar las reformas, y el General desconoció a Tshisekedi como primer ministro. En 1994, cuando Mobutu finalmente accedió a reconocer a un nuevo primer ministro, Kengo wa Dongo, éste se enfrentó, sin saber cómo ni tener los recursos necesarios, a la migración de hutus provenientes del vecino Ruanda, sustituidos en el gobierno de ese país por los tutsis, quienes habían sufrido una serie de matanzas por los hutus cuando tenían el poder (Adam Hochschild, 2003, julio 7).

La fallida democratización no devolvió el gobierno al pueblo de “Zaire”, pero hizo resurgir las rivalidades étnicas y regionales, que bajo el régimen mobutuísta habían permanecido a raya.


La guerra civil
Conocidos como interahamwe, el grupo de hutus que había dejado el poder en Ruanda y organizado el genocidio allá, pertenecientes a las Forces Démocratiques de Libération du Rwanda (Fuerzas Democráticas de Liberación de Ruanda, FDLR), conformaron milicias que huyeron al Congo junto con dos millones de hutus perseguidos por los tutsis del Frente Patriótico Ruandés (RPF). Establecieron sus esferas de poder en los campos de refugiados y atacaban a los tutsis de la región, conocidos como banyamulenge, además de realizar incursiones en territorio ruandés.

Por ello, Ruanda consideró que en los campos congoleños de refugiados se conspiraba contra su gobierno, y en 1996 ordenó la persecución de las milicias hutus en territorio congolés, con soldados ruandeses tutsis, quienes apoyaron a las milicias congolesas de oposición buscando debilitar a los interahamwe.


Es en este contexto de 1996 que adquiere importancia el levantamiento organizado por el grupo rebelde Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación de Congo-Zaire (AFDL), tomando como pretexto la indiferencia de Mobutu hacia las masacres para derrocarlo, junto con otros insurgentes, y con el respaldo de Ruanda y Uganda, siendo Yoweri Museveni presidente de Uganda y Paul Kagame presidente de Ruanda.

Mobutu, quien había dejado el país, ofreció negociar con el líder de los rebeldes en Zaire (Zaire: Center of chaos and strife, 1997, mayo 2), Laurent Desiré Kabila, pero la oferta fue rechazada porque sabían que el ejército estaba sumamente debilitado. Los soldados congoleños, indisciplinados y mal pagados, ni siquiera opusieron resistencia a los rebeldes, quienes avanzaron por el territorio recibiendo muestras de apoyo popular debido al descontento de la población por los abusos del ejército.

Los insurrectos tomaron Kinshasa el 17 de mayo de 1997, y Laurent Kabila ese mismo día se proclamó Presidente del Congo, devolviéndole su nombre al país.

Sin embargo, la AFDL no era para nada el grupo más poderoso del Congo: se enfrentaba a una fragmentación regional en que las rivalidades de distintas facciones debilitaban todo intento de unidad. En ese momento Congo tenía una población de 45 millones de personas, con 250 grupos étnicos y 700 lenguas. Con la caída de Mobutu, las naciones vecinas aprovecharon la debilidad del gobierno para ocupar el territorio congolés1. Se aliaban con milicias señores de la guerra locales para controlar recursos, junto con compañías extranjeras, como diamantes, oro, cobalto, cobre y columbio-tantalio (coltano). El coltano2 se usa en los chips de computadoras y celulares, un estabilizador que ha adquirido gran valor, rivalizando con el precio del oro.

Una vez que estableció su gobierno, Joseph Kabila ordenó en 1998 la retirada de los ejércitos ruandés y ugandés, creyendo que tenía el suficiente poder. Pero sus vecinos seguían alentando el levantamiento de grupos rebeldes, como el Congreso para la Democracia Congolesa (RCD), conformado por banyamulenges.

Kabila reclutó entonces a los interahamwe de la región para controlar la provincia de Kivu, y pidió el apoyo de los gobiernos de Angola, Namibia y Zimbabwe, que contuvieron el avance de los rebeldes. Mientras tanto, en el norte aparecía el grupo opositor Mouvement pour la Libération du Congo (Movimiento para la Liberación del Congo, MLC), con intervención de Uganda.

En 1999 el enfrentamiento entre las facciones ugandesas y ruandesas del RCD en Kisangani, junto al río Congo, produjo el desplazamiento de muchos pueblos. De esta manera el conflicto se extendió hacia el norte, alcanzando, en la provincia de Ituri, a las tribus lendu, hema, ngiti y gegere, que habían coexistido en una aparente calma. Se formaron entonces la Union des Patriotes Congolais (UPC), que reunía a los hema y a los gegere, por una parte; y las Forces de Résistance Patriotique d’Ituri (FRPI) y el Front Nationaliste et Intégrationniste (FNI), por otra parte, que pretendían la defensa de los lendu y los ngiti. El enfrentamiento perduró hasta 2007.

La oposición de los interahamwe la encarnó el rebelde Laurent Nkunda, tutsi, líder del partido político-militar Congreso Nacional para la Defensa del Pueblo (Congrès National pour la Défense du Peuple, CNDP), que hace unos meses atacó la ciudad de Goma para apoderarse de la provincia de Kivu del Norte, auspiciado por el gobierno tutsi de Paul Kagame de Ruanda, y que ha producido otros 250 mil desplazados desde el mes de agosto.

Durante la guerra civil, desde hace seis años, se calcula que han muerto cinco millones de personas, y la misión de paz de la ONU, con sus 17 mil hombres, no ha podido hacer nada, e incluso se les acusa de cometer violaciones de los derechos humanos (Don't let it happen all over again, 2008, noviembre).


Papel de organizaciones extranjeras
Anvil Mining, compañía minera australiana dedicada a la extracción de cobre en Congo, otorgó recursos a los rebeldes para poder trabajar.

AngloGold Ashanti, de Sudáfrica, financió a la milicia para asegurar sus operaciones en Ituri.

Hay reportes de que los cuerpos de paz de Naciones Unidas cometen violaciones y explotación de mujeres, y han estado vinculados con el tráfico de oro (Michael Deibert, 2008, junio).




Bertaux, P. (1978). Africa. Desde la prehistoria hasta los Estados actuales. México: Siglo veintiuno.
Collins, C. (1993, junio). The cold war comes to Africa: Cordier and the 1960 Congo crisis. Journal of International Affairs. Disponible [en línea] 2008, noviembre 16 en: Base de datos Academic Search Premier (número de acceso 9402082517).
Emizet, K. (2000, diciembre). Explaining the Rise and Fall of Military Regimes: Civil-Military Relations in the Congo. Armed Forces & Society (Transaction Publishers). Disponible [en línea] 2008, noviembre 16 en: Base de datos Academic Search Premier (número de acceso 2910501).
Deibert, M. (2008, junio). Congo: Between Hope and Despair. World Policy Journal. Disponible [en línea] 2008, noviembre 16 en: Base de datos Academic Search Premier (número de acceso 34286825).
Don't let it happen all over again. (2008, noviembre). Economist. Disponible [en línea] 2008, noviembre 16 en: Base de datos Academic Search Premier (número de acceso 35039008).
Hochschild, A. (2003, julio 7). Help for Congo. Nation. Disponible [en línea] 2008, noviembre 16 en: Base de datos Academic Search Premier (número de acceso 10102060).
Zaire: Center of chaos and strife. (1997, mayo 2). Scholastic Update. Disponible [en línea] 2008, noviembre 16 en: Base de datos Academic Search Premier (número de acceso 9709071452).
1 Los Estados Unidos vendieron armas y dieron entrenamiento a los ejércitos de seis de las siete naciones africanas que han intervenido en la guerra civil del Congo, según Adam Hochschild (2003, julio 7).
2 Congo del Este produce más de la mitad de la oferta mundial del coltano, según Adam Hochschild (idem)
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