Dios en un prostíbulo


(2009, marzo 13)
Entrevista a Martín Mérida:


"Dios en un prostíbulo"




Bebiendo un café que no quisimos comprar allá donde canta una sirena de corona y trenzas largas, Martín Mérida, poeta y filósofo, interpreta la muerte de Ignacio Ellacuría:

El que sufre necesita dejar de sufrir, y busca los medios para hacerlo. A veces, desgraciadamente, en nuestro continente americano, ha sido con derramamiento de sangre.

Hay praxis liberadoras. Hay voluntad de liberarse. Pero es necesario también pasar por una reflexión de ellas, por un discernimiento inteligente, que señale, que desideologice las cruces, como decía Ignacio Ellacuría, por cierto, asesinado por los escuadrones de la muerte en El Salvador”.

El 16 de noviembre de 1989, militares salvadoreños mataron a Ellacuría, teólogo jesuita, uno de tantos que así murieron. Al mencionarlo, Martín Mérida adquiere un tono solemne. El vapor del café envuelve su dedo índice cuando lo mueve para enfatizar la labor de los teólogos de la liberación en América Latina:

El que padece una violencia primera, tiene que defenderse. Y si están a punto de matarme, pues no voy a esperar al que me va a matar con una resortera.

La muerte de Jesús es una muerte política. El que no se le quiera ver, eso es cuestión de los que hacen ideología. ¿Y Jesús acompañó al pueblo? Claro que lo acompañó.

Se nos ha querido borrar el Jesús que señala a los opresores en un tiempo histórico, definido y determinado; que opta preferencialmente por los pobres, como es evidente.

Un teólogo de la liberación no toma las armas ni impulsa a tomar las armas a nadie. Solamente acompaña. Acompaña incluso en procesos de rebelión, de revolución, sin ser ellos los rebeldes.

Ningún teólogo de la liberación habla de violencia, ni de agarrar las armas y de cosas así. Eso es un planteamiento injustificado. Y es verdaderamente el colmo, y esto viene del centro, de la Iglesia central, ese tipo de críticas”.

La voz del poeta se entristece al hablar de la Iglesia en Roma y de Joseph Ratzinger, ahora Benedicto XVI, quien ha censurado la teología de la liberación desde que era cardenal. Pero en la voz entristecida de Mérida también hay indignación al abordar el tema:


En la Iglesia, muchos teólogos de la liberación, actualmente, con mucha humildad, han guardado silencio, (…) muchos de ellos han sido reprimidos, excomulgados.

Pero es un silencio que se explica, no es un silencio que se queda callado y ya no hace nada.

La Iglesia Católica está pasando ahorita por una crisis tremenda. Si postmodernismo es crisis, una de las instituciones más en crisis es la Iglesia Católica. Ese silencio maravilloso, el que ya no dice pero ha dicho mucho, y está diciendo desde el silencio, también nos permite traducir una Iglesia en decadencia.

Es horrible, pero vamos a repetirlo: una Iglesia en muchos segmentos pedófila da que preocupar.

Entonces, parece ser que el monstruo se devora a sí mismo, se está destruyendo a sí mismo”.

Como antecediendo lo que Mérida está a punto de explicar acerca de los oprimidos, una mujer subcontratada –las empresas le llaman “outsourcing”, contratación indirecta, para reducir costos y responsabilidades-, con uniforme de personal de limpieza, se acerca, barriendo las hojas secas, detrás de él:

La opresión la ejerce quien tiene el poder, y quien tiene el poder, siendo un poco marxistas en ese sentido, es quien mantiene los medios de producción, decía Marx, aunque no solamente esto ha sido revelado por Marx.

El que es oprimido ¿qué es lo que quiere? Quiere dejar de serlo. El que tiene dolor, quiere dejar de padecer dolor. Y esto, aunque los teólogos quieran o no lo quieran, el que padece dolor va a necesitar salir del dolor. Entonces las liberaciones se dan sin necesidad de ninguna teología.

Por ejemplo, tú lees Gracia y liberación del hombre, de Leonardo Boff [teólogo franciscano brasileño], y lo que hace es ver a Dios ahí donde la Iglesia creía que no estaba. Ver a Dios en un prostíbulo. ¡Oh, Dios! Cómo hablar de que Dios pueda estar con una puta.

Cómo Dios puede también estar entre los ladrones, no por justificar que se robe, porque nadie debe robar, pero a lo mejor los ladrones como Jean Valjean [en Los Miserables, de Víctor Hugo], se roban un pan para darle de comer a sus hijos y no porque hayan querido robar.

Lo que hacen los teólogos de la liberación también es: que nos demos cuenta que Dios estaba ahí, desde siempre, donde no se le quería ver. En los rostros que a veces nos dan miedo, pero miedo porque el miedo también ha sido introyectado por ideología”.

Martín Mérida se acomoda los gruesos lentes, con una mirada distinta, viajera. Quizás imagina un mundo sin sirenas que favorezcan la opresión, un mundo donde ya no haya silencio, donde esa Iglesia vea a Dios en la prostituta.



(Entrevista realizada el 11 de marzo, abajo aparece completa).

Nicanor --¿Cómo podemos empezar?
¿Podría decir en términos generales en qué consiste la teología de la liberación?
MM-- ¿Qué es la teología de la liberación? Bueno, la teología de la liberación tiene como fundamento la fe del hombre, la fe del hombre que lucha en procesos de liberación en contextos históricos, políticos, sociales, culturales, determinados. Entonces teología de la liberación es fe en el hombre y discernimiento de lo que hay de salvífico en la situación de este hombre.
N—Y en el contexto que surgió, ¿Por qué América Latina propició el surgimiento de esta teología?
MM—En efecto, la teología… Bueno, hay varias tradiciones teológicas. Las que más han preponderado, pues es la tradición escolástica, la tradición teológica, vamos a decir, con tendencia postconciliar, que aún persiste en la iglesia Católica y ahora con más fuerza…
N—Esto en el contexto católico.
MM—Católico… Sí, claro, por supuesto. Y en el contexto de una teología postconciliar, pero más de corte con una mirada europea y norteamericana, y está la teología de la liberación, que brota en América Latina pero que también se va extendiendo a África y a muchos países tercermundistas, precisamente porque la teología intenta responder a la pregunta: ¿qué significa ser cristiano en un mundo dependiente como el nuestro? Y la pregunta, pues conlleva la carga de sentido sobre todas las situaciones de cautiverio y de libre acción o liberación que hemos visto, y que el hombre mismo que las sufre se percibe, que es cristiano en este contexto, en este contexto de opresión.
N—La relación de la teología de la liberación con la filosofía propiamente de la liberación y la ética de la liberación, ¿cuál sería?
MM—Hay que mirar, a veces, que algunas personas, no tú, pero algunas personas cuando se cuestionan sobre la teología de la liberación o cuando hacen algún juicio sobre la teología de la liberación se olvidan que estamos hablando de una teología, y además una teología cuyo horizonte es la liberación, ¿no?
Entonces, para que sea teología y para que esté justificada, y para que haya tenido tanta fuerza, aunque ahorita esté en un momento de silencio, por decirlo así, es porque ha hecho el esfuerzo hermenéutico de unir la tradición eclesiástica: es decir, los teólogos de la liberación hacen un esfuerzo reflexivo desde la tradición de la Iglesia. Entonces hay varios fundamentos de la teología.
Una es la tradición de la Iglesia. Aquí hablamos de la patrística, y de todo este, podríamos llamarle, de todo este horizonte teológico de arriba para abajo. ¿Sí me explico? De lo abstracto a lo concreto. La teología, de alguna manera, la tradición de la Iglesia trata de hacer conciencia sobre la intervención de Dios, pero desde lo abstracto a lo concreto. Si nos damos cuenta por ejemplo del pensamiento de Agustín, de Santo Tomás, es una lucha por justificar que Dios existe, ¿verdad?, aunque ellos lo tengan claro.
Éste sería un horizonte de los que se nutrió la teología de la liberación.
Se nutre también de los documentos esenciales de la Iglesia: de las encíclicas, de los documentos del Concilio Vaticano II, por supuesto; de la Biblia, creo que en primer lugar de la Biblia; bueno, por ser memoria no histórica en el sentido científico de la palabra, una visión salvífica y liberadora de todo un pueblo; y obviamente se nutre de la filosofía y de las ciencias sociales.
¿Por qué de la filosofía y de las ciencias sociales? Bueno, de la filosofía social, yo diría, en este momento, porque los problemas de los seres humanos que vivimos en contextos situacionales de dependencia, pues lo exigen, ¿no? Así que es una reflexión también social. Pero no se reduce, la teología de la liberación, de ninguna manera, a un enfoque social. Aunque hay gente que lo crea.
N—Muchos le han criticado que mira sobre todo al hombre y no a Dios, que se enfoca a… por ejemplo, a Jon Sobrino se le critica que pierde de vista la divinidad de Cristo por enfocarse en su humanidad, entonces es parte de la condena que desde el Vaticano se hace de la teología de la liberación.
MM—Sí. En la Iglesia Católica, también para eliminar esta voz del que sufre, y esa voz teológica que quiere también acompañar al que sufre, se introdujo una “teología de la liberación”, entre comillas, que aceptó este tipo de críticas; en su mayoría, desde mi perspectiva, o no solamente desde mi perspectiva sino de muchos, con un gran desconocimiento de lo que verdaderamente escriben los teólogos.
Cuando uno recurre a los libros de Jon Sobrino, a la Cristología desde América Latina, por ejemplo, uno se da cuenta que no hay un enfoque únicamente antropocentrista, por decirle así, sino que hay todo un esfuerzo hermenéutico de Jon Sobrino para… esfuerzo hermenéutico en el sentido de hacer el círculo hermenéutico, entre la tradición de la Iglesia, entre el Dios que revela, y el hombre, que necesita de Dios, pero que pasa por situaciones de opresión. Y a veces olvidamos que la teología tiene también un sentido amoroso.
¿Cómo hablar de amor en un régimen de opresión, cuando parece que vivimos lo contrario? Entonces, los libros de Boff, de Jon Sobrino que ahora lo mencionas, del padre Concha, del padre Gutiérrez, y de muchos filósofos y teólogos de la liberación, sobre todo de teólogos de la liberación, y filósofos que también escriben teología, Juan Escanón, ahorita me recuerdo, entre otros que he leído, son libros maravillosos, que muestran también ese Dios que revela, ese Dios tan protagonizado en la filosofía de Santo Tomás de Aquino cuando se lee bien, no es descartarlo en absoluto. Entonces, leer verdaderamente a estos autores, obviamente, nos hace comprender el esfuerzo de hacer un círculo hermenéutico, te repito, entre la tradición y las situaciones del hombre que tiene fe pero que también quiere liberarse de sus situaciones concretas.
Entonces, si el proyecto de Dios, porque el Reino de Dios es uno de los conceptos claves en la teología de la liberación, el reino de Dios no puede reducirse a mera milagrería, no puede reducirse a…
N--¿A una vida ulterior?
MM—No puede reducirse sólo a eso. El reino de Dios, bien comprendido, lo abarca todo. Si uno lee correctamente el Antiguo testamento y el nuevo testamento uno se va a dar cuenta de cómo la palabra liberación es constante ahí, y no sólo como palabra, como una cuestión reflexiva, sino como una cuestión que nace de la praxis de un pueblo que está pasando por procesos de liberación, desde los hebreos allá en Egipto hay un mandato bíblico que es: Libéralo.
Parece ser que Dios, Yahvé, o el que no tiene nombre, de pronto dice de manera clara que quiere la liberación de su pueblo, pero no solamente la liberación del alma, conceptos así, sino la liberación real, histórica, de los pueblos.
Algo que es evidente, y que ha sido peligrosamente ocultado, sobre todo por la tradición antes del Concilio Vaticano II, la tradición que no quiere aceptar el horizonte liberador del Concilio Vaticano II, que está firmado por el papa, por cardenales… esa tradición quisiera ocultar la práctica real del Jesús histórico. Nos quieren mostrar solamente el Jesús que sufre, el Jesús que muere y que resucita, y se nos ha querido borrar el Jesús que señala a los opresores en un tiempo histórico, definido y determinado; que opta preferencialmente por los pobres, como es evidente.
Esto no lo puede negar ningún teólogo, por más teólogo de Trento que sea: Jesús exige a los ricos, antes de seguirlo, que se despojen de sus riquezas, o que tengan una mirada hacia los pobres. No es un descartar a los poderosos, o a los ricos, sino es un exigirles que vean las situaciones de opresión. Jesús mismo lo señala en la Biblia. Y ese Jesús es, de alguna manera, desocultado por la teología de la liberación. Y por supuesto, esto hace que haya una confrontación con los teólogos que, sobre todo a través de la teología, tratan de justificar el poder de la Iglesia.
N—¿Por qué hay esta tendencia en ciertos ámbitos de la Iglesia a ocultar esa misión de Jesús, esa opción por los pobres?
MM—Yo creo que la respuesta es clara, nadie quiere perder el poder. Bien mirado, por ejemplo, desde la teología de la liberación, un papa no es más que un representante de Dios sobre la tierra, como lo es cualquier niño, cualquier indígena, cualquier ser humano, pero hay toda una justificación ideológica de poder. Un papa es tan representante de Dios como tú y yo, sobre la tierra.
N--¿De dónde, entonces, proviene esta acepción que se ha dado a los “hombres de Dios” como aquellos que tienen una mayor dignidad con respecto a sus hermanos?
MM—Esta es una interpretación que yo, bueno, así rápidamente, podríamos reducirlo así, siguiendo a Enrique Dussel:
Enrique Dussel hace todo un rescate del verdadero cristianismo, como ligado a sus orígenes. Jesús nunca habló de cuerpo y alma, por ejemplo. Jesús buscaba la liberación integral del hombre. De hecho toda esa posesión de la resurrección es resurrección integral del hombre.
Toda la línea, toda la tradición semítica, antropológica-semítica que está atrás de Jesús es toda una tradición que sabe mirar al hombre, que sabe mirar el esfuerzo liberador del hombre, y que no se abandona en un cristianismo justificador del poder. Si tú recuerdas, los primeros apóstoles, los primeros cristianos tenían que esconderse en catacumbas, porque el mensaje cristiano era realmente crítico, era realmente comprometido con la historia.
Obviamente, los padres de la Iglesia, al tratar de… cuando Roma conquista los pueblos semíticos, Roma antes había sido conquistada, como ya sabemos, culturalmente por Grecia, entonces toda esa tradición platónica, una tradición filosófica dualista, se introyecta en la Iglesia católica, en el cristianismo, y ahí comienzan los problemas.
N—Pero una dualidad que da preponderancia al alma…
MM—Al alma, claro.
N—…sobre el cuerpo.
MM—Exacto. Entonces todo esto lo tratan de encajar los primeros padres de la Iglesia, aunque no todo mundo cayó en esta trampa, incluso Pablo de Tarso que es un defensor de la Iglesia, comienza a hablar de cuerpo y alma.
Por ejemplo, los primeros cristianos no tenían esas concepciones de cuerpo y alma, los primeros cristianos hablaban del “soma”, perdón, el soma es griego, hablaban del “etesh”, espíritu, y a la carne le decían “bazar”, que es la carne como sagrada. Te estoy diciendo esto para que nos demos cuenta cómo en estas concepciones, en estas palabras, hay toda una carga de significado que justifica la dignidad del hombre en toda su dimensión, o la del trabajo.
Pero luego, aquí dicho sea de paso, recuerda que la Iglesia Católica hace pacto con el régimen de Constantino, y se constantiniza la iglesia católica, el cristianismo, y deviene en un catolicismo…
N--¿Imperial?
MM--…que comienza a corromperse, comienza a perder al Cristo, al Cristo verdadero, porque ese Cristo verdadero está sencillamente contra toda esa práctica de aplastamiento dictaminada por Constantino.
Entonces, hay periodos oscuros de la Iglesia, reveladores de la Iglesia, terribles de la Iglesia, que bien mirados es de pura corrupción, de pura búsqueda de poder. Y se dan movimientos interesantes, no obstante. Es lo que me llama mucho la atención de la Iglesia: la Iglesia católica entre más corrompida está, de pronto brotan personajes fantásticos como Francisco de Asís, por decirte algo.
Fancisco de Asís que en el tiempo que nace es una protesta tremendamente clara sobre el Cristo que sufre injusticias, el Cristo histórico. Obviamente el poder de la Iglesia no lo quería aceptar. De hecho fue llamado, así como fue llamado Leonardo Boff porque lo querían excomulgar, Francisco de Asís en su tiempo fue llamado para ser revisado por darle un giro a la orden franciscana.
Pero muchos de estos verdaderos santos, no los santos que de pronto se imponen por el poder, porque hay mucho santo de pacotilla en la actualidad en la Iglesia católica, pero grandes santos, son grandes hombres liberadores, teólogos de la liberación.
Te muestro a Francisco como un ejemplo, pero hay muchos más ejemplos de gente que realmente ha visto a Jesús histórico y quieren ligarse con él, que ha visto esta corrupción de la Iglesia Católica.
N—Siguiendo esta visión histórica de la tradición católica, Enrique Dussel hace una vinculación entre la relación del poder con las víctimas, ¿quiénes son estas víctimas?
MM—Elder Camera que es un obispo, un cardenal que pudo haber sido papa, porque tenía muchos seguidores, un cardenal que simpatizaba absolutamente con la teología de la liberación, pero de una fuerza espiritual arrolladora; él explicaba de manera sencilla: la violencia número uno, instaura, desafortunadamente, la violencia número dos. Las víctimas son todos los que han padecido una violencia primaria. No solamente de parte de la Iglesia, sino que hablamos de países. Si hablamos de personajes, incluso desvinculados con la Iglesia Católica, de personas del tercer mundo, hablamos de gente que ha padecido dolor no buscado, un dolor impuesto.
N—Y esta imposición ¿de dónde viene?
MM—Vamos por ahí.
Vamos a decir que hay opresiones culturales, hay opresiones históricas, hay opresiones políticas, hay opresiones sociales. Obviamente, haciendo un análisis estructural sabemos que la opresión la ejerce quien tiene el poder, y quien tiene el poder, siendo un poco marxistas en ese sentido, es quien mantiene los medios de producción, decía Marx, que no solamente esto ha sido revelado por Marx, ¿no? Uno, estudiando por ahí, se da cuenta que muchos filósofos antes habían notado este poder de quien tiene los medios, el poder del que convoca: el poder del que tiene, de alguna manera, impone.
N—¿Cómo es posible para estas víctimas la liberación?
MM—El término liberación también hay que clarificarlo.
Liberación no significa estar en la libertad absoluta. La liberación, como lo explica Leonardo Boff en Teología del cautiverio y la liberación, se explica de manera sencilla: liberación es libre acción para la consecución de la libertad. Entonces cada vez que el hombre ejerce una libre acción, o lucha por ejercerla, está liberándose.
Entonces uno se libera de algo. Lo vamos a decir así: liberación de, para entrar a un terreno nuevo, para un para qué. De un de, a un para que. Por ejemplo, si yo me doy cuenta que un vicio me está oprimiendo y me está enfermando, yo mismo me doy cuenta que no me quiero morir porque tengo muchas cosas que escribir todavía, que decir, entonces ahí estoy ejerciendo con mi persona un proceso de liberación, en el sentido de: salir de, para entrar a algo nuevo. A lo mejor dejé el vicio que tenía por el deporte ¿no? Entonces, en las cuestiones históricas reales también se da esto.
Los pueblos, el que es oprimido ¿qué es lo que quiere? Quiere dejar de serlo. El que tiene dolor, quiere dejar de padecer dolor. Y esto, aunque los teólogos quieran o no lo quieran, el que padece dolor va a necesitar salir del dolor. Entonces las liberaciones se dan sin necesidad de ninguna teología.
El hombre mismo es el que busca salir de una situación que lo oprime, entonces depende.
Entonces, qué maravilla que hayan algunos hombres preocupados, hablando de los teólogos de la liberación, preocupados por acompañar a aquel que sufre en estos periodos de transición, y no dejarlo ahí al garete, como han pretendido y como lo hacen muchos teólogos o muchas personas que se consideran religiosas.
Yo recuerdo mucho las palabras de San Juan, siendo un poco bíblicos aquí, trayendo estas palabras: nadie puede amar a Dios, a quien no ve, si no ama a su hermano, a quien sí ve. Entonces en esta perspectiva, con teología o sin teología, el que sufre buscará dejar de sufrir.
N—Pero entonces ¿para esta liberación bastaría la voluntad?
MM—Yo pienso que, primeramente hay praxis liberadoras. Hay voluntad de liberarse. Pero es necesario también pasar por una reflexión de ellas, por un discernimiento inteligente, que señale, que desideologice las cruces, como decía Ignacio Ellacuría, por cierto asesinado por los escuadrones de la muerte en El Salvador, tú recuerdas a este gran teólogo y filósofo.
Él decía que una de las tareas, aquí ya no hablando tanto de teología, aunque él era teólogo, sino de la ética liberadora, de la filosofía liberadora, que mucho está en concordancia con la teología, es tratar de llevar a la liberación estas praxis para que realmente sepamos señalar cómo se ha dado la imposición de la cruz o de las cruces, y para poder también mostrar, y para poder también señalar con evidencias claras cómo el opresor oprime.
A veces hay opresores que no se dan cuenta que oprimen, sencillamente bailan al son que les toquen, donde les tocó estar, y punto. Te voy a poner un ejemplo: Monseñor Arnulfo Romero fue elegido obispo, no por liberador, no porque se compadeciera de las víctimas. Era simplemente una persona muy letrada, en el sentido clásico de la palabra letrado, lo eligen y él piensa que está haciendo las cosas bien.
Aquí te voy a recordar aquello de que: tanto peca el que mata la vaca como el que le jala la pata. De pronto él se da cuenta que está en una estructura corrupta, que tiene mucho de corrupción, y se da cuenta por las praxis de un sacerdote jesuita, teólogo también, Rutilio el Grande, a quien mata el régimen salvadoreño, el régimen de Anastasio Somoza. Pero fue todo un proceso de Rutilio el grande y de otros jesuitas y de otras congregaciones, un proceso de acompañar al pueblo, del cual monseñor Romero va siendo conciente hasta que se vuelve un verdadero profeta en el sentido no del que profetiza o dice cosas del futuro, sino del que… en hebreo la palabra profeta tiene más el sentido del que da la cara por el otro. Empieza a darse cuenta que es necesario dar la cara por el otro. No habla de teologías de la liberación, ni nada. Su actitud lo muestra como un obispo de la liberación, y lo matan precisamente en una misa mientras dice las palabras: En nombre de Dios exijo que cese la represión.
Aquí hay una cuestión también importante. También se ha criticado a la teología de la liberación, o a los verdaderos teólogos de la liberación, de propagar la violencia. Ningún teólogo de la liberación habla de violencia, ni de agarrar las armas y de cosas así. Eso es un planteamiento injustificado. Y es verdaderamente el colmo, y esto viene del centro, de la Iglesia central, ese tipo de críticas. Lo que hacen los teólogos de la liberación es acompañar a quien se está liberando. Pero un teólogo de la liberación no toma las armas ni impulsa a tomar las armas a nadie. Solamente acompaña. Acompaña incluso en procesos de rebelión, de revolución, sin ser ellos los rebeldes. Acompaña desde la manera de discernir qué de divino, qué de teológico hay en estas luchas, en estos procesos.
N--¿Y cómo puede, un teólogo de la liberación, en estos procesos de violencia, desvincularse de ésta, para cumplir únicamente una función de acompañamiento?
MM—Pienso que no se desvincula en el sentido de negar. Haz de cuenta: un teólogo de la liberación, lo había dicho hace un momento. Los pueblos se liberan. El que sufre necesita dejar de sufrir, y busca los medios para hacerlo. A veces, desgraciadamente, en nuestro continente americano, ha sido con derramamiento de sangre.
Afortunadamente, lo que hacen los teólogos de la liberación es acompañar en el sentido reflexivo. Si quieres, un teólogo que sistematiza la cuestión. No necesariamente acompañándolos mientras van a matar a alguien, quizás él trata de defender a alguien, sino acompañándolos desde: qué de liberador y de divino tiene este esfuerzo. En cuanto a que yo no voy a decir, como teólogo de la liberación: está bien que hayan agarrado las armas, o está mal. Eso le corresponde al pueblo. Lo que yo voy a hacer es discernir esa lucha, que no necesariamente tiene que ser armada. Cualquier proceso de protesta merece un acompañamiento también divino, merece el pueblo que alguien le acompañe: desde la ternura, desde la comprensión, desde el amor, desde la búsqueda de amor, que no hay que olvidar este horizonte. Si no, no sería teología.
Porque en el fondo, la teología de la liberación no busca un orden inverso al ya establecido, que eso habla de dialéctica. Que el oprimido, como dijera Paulo Freire, que el oprimido de pronto logre liberarse y se ponga en el lugar del opresor. Esto es nefasto. La teología de la liberación es también un horizonte del perdón, y no necesariamente es un discurso meramente político, pero sí desenmascarador, efectivamente.
A la teología le compete desenmascarar, como Jesús lo hacía. ¿Por qué mataron a Jesús? No sé si tú lo recuerdas. ¿Porque era muy buena onda con el poder, o porque criticó al poder? ¿Tú qué opinas?
La muerte de Jesús es una muerte política. El que no se le quiera ver, eso es cuestión de los que hacen ideología. ¿Y Jesús acompañó al pueblo? Claro que lo acompañó. ¿Les dijo que se levantaran en armas? No. Incluso, cuando uno de los apóstoles iba a levantar la espada le dijo: el que a hierro mata, a hierro muere. Y sin embargo, sorprende que muchos de ellos llevaran armas ¿no? ¿Cómo es que los acompañantes de Jesús algunos llevaban armas? Claro, el que padece una violencia primera, tiene que defenderse.
Y si están a punto de matarme, pues no voy a esperar al que me va a matar con una resortera. Sin embargo, Jesús no se compromete en el sentido de lanzar a sus apóstoles a que se agarren a espadazos. Sin embargo, tampoco dice nada de que algunos de ellos llevaran espada. Finalmente, esto ya desde la ética, toda vez que se han agotado todos los… y esto es aristotélico, toda vez que se han agotado todos los medios retóricos y demás, la violencia, desafortunadamente, se da, y hasta puede ser justificada desde la ética.
N—A pesar de todo esto, de las luchas que se han dado por la liberación, en cuanto a acompañamiento, visto el fenómeno desde la periferia, ¿qué sentido tiene esta lucha cuando se plantea como una oposición al sistema, cuando el mismo Juan Pablo II, por ejemplo, mandó llamar a Monseñor Romero para cuestionarle su postura que había tomado?
MM--Yo quisiera leerte aquí un documento de la misma Iglesia Católica, maravilloso, que actualmente ya no quieren oír, porque quisieran pasarse por alto el Concilio Vaticano II. Es un documento muy ilustrador, y que viene a colación de la pregunta que me haces. Se llama Dives in misericordia. Una encíclica. Dice, hablando de la reflexión solamente escolástica, de la reflexión ajena a los procesos históricos:
Este es el camino que hoy se le abre al hombre: la sabia combinación del principio teológico absoluto con el principio antropocéntrico relativo. Es el acta de defunción del iluminismo y a la vez el acta de bautismo de la nueva era. En adelante, Dios y hombre caminarán juntos: el hombre empeñándose en la conquista de su propia libertad y dignidad personal de hijo de Dios, y en la praxis, por ayudar a su hermano necesitado de liberación integral, como don gratuito, pero al mismo tiempo como conquista que ha de alcanzar en el compromiso social, político, cultural y religioso.
Dime si no, el propio documento es teología de la liberación. Por eso es que el actual papa quisiera ocultar y quisiera acabar con el Concilio Vaticano II, y con este tipo de visión. Entonces, volviendo a tu pregunta, ¿podrías repetir la pregunta? Es sobre el cómo…
N--¿Qué sentido tiene esta lucha vista desde la periferia con respecto al centro?
MM—Pues yo creo que el sentido que tiene es: podemos hablar de muchos sentidos. 
Yo creo que en la Iglesia, muchos teólogos de la liberación, actualmente, con mucha humildad, han guardado silencio.
Si te das cuenta, los teólogos de la liberación casi no publican nada sobre este tema. El tema es más rumbo a la cuestión ecológica, no porque no haya mucho que pensar del tema, sino porque muchos de ellos han sido reprimidos, excomulgados. Hay todo un esfuerzo desde el Vaticano para acabar con todo pensamiento que tome en cuenta lo que la encíclica Dives in misericordia dice, que hay que estar de lado del que lucha por su dignidad.
Entonces, uno de los sentidos es recordar que la tarea principal del cristiano es luchar por la dignidad, luchar para que no se pulverice la dignidad. También se dice lo siguiente: la mayor parte de los cristianos está en los países tercermundistas. Europa casi no tiene católicos en la actualidad, y es triste. Yo estuve hace poquito ahí, en Francia. Las iglesias son preciosas y vacías en lo absoluto. Un vaciamiento impresionante, y uno de los sentidos que podríamos hallar es que la mayor parte de católicos y de cristianos están, tal vez, en América Latina.
Y en América Latina se padece hambre, enfermedad, opresión. El sentido, tal vez, sea como decirle al centro, o la Iglesia en el poder, que aquí tratamos de ir a Cristo verdaderamente, aunque se nos niegue, aunque… Yo digo “se nos” como si fuera teólogo de la liberación, pero me considero cristiano desde esta perspectiva: yo admiro a Cristo, al Cristo que se hizo hombre, a Cristo histórico, lo admiro muchísimo, porque realmente es de lo que se trata. Entonces, pareciera que la Iglesia, en este sentido, la Iglesia Católica tercermundista, inspirada por la teología de la liberación, pareciera que en el fondo está luchando por la conversión absoluta del catolicismo, porque ese círculo hermenéutico entre la verdad revelada no se aleje de las verdades históricas. Tal vez por ahí está la cuestión.
N--¿Podríamos hablar entonces de que la Iglesia católica está encerrada en un eurocentrismo?
MM—La iglesia católica, sí, exactamente, hay una iglesia central. Sobre todo ahorita, esto es un comentario absolutamente personal: ahorita lo que yo veo como preocupante es cómo Ratzinger, o el papa actual, ha llamado como servidores para ser cardenales a obispos que estaban, si no excomulgados, cuando menos suspendidos, por sus ideas totalmente preconciliares, tridentinas, por decirlo así, escolásticas meramente. Y algunos de ellos, como bien sabes, han caído hasta en el dogmatismo de negar cuestiones históricas, como este cardenal que niega que el holocausto haya existido. Que le pidieron ridículamente que pidiera perdón por eso, como si alguien pudiera alejarse, pidiendo perdón, de sus verdaderas ideas.
Entonces, mi preocupación, y la preocupación de muchos es que el fanatismo, los que están dejando de ser católicos, el catolicismo es universalidad y demás, es precisamente la Iglesia del centro, que está preocupada tanto por el conservadurismo y pareciera que no existe el hambre, ni la miseria en el mundo. Es una óptica tan cerrada…
Creo que en el fondo se trata, tal vez es exagerado lo que voy a decir, pero se trata de acabar con el Concilio Vaticano II, incluso con los documentos reales. Yo veo la tendencia de este papa, con las personas que están llegando a ser cardenales, porque si te das cuenta los lefebvrianos, si son lefebvrianos, es porque no creen en el Concilio Vaticano II, creen que la Iglesia debe desvincularse totalmente de toda cuestión histórica, entonces esto es muy peligroso. Y efectivamente, la Iglesia del centro creo que se está dando un jaque mate por sí misma. Y yo creo que los teólogos de la liberación, porque son inteligentísimos muchos de ellos, es algo que no se dice, son gente extraordinariamente inteligente, con una producción intelectual, libresca, si tu quieres, impresionante, gente que ha dado cátedra aquí y allá; creo que han percibido eso, y creo que por eso guardan este silencio maravilloso.
Que finalmente los teólogos de la liberación, con una espiritualidad genial, consideran el lado de la gracia, de la gracia divina, de la gracia que libera. Es gente que reza, es gente que pide, es gente que comienza dando gracias a Dios por la creación, que comienza arrepintiéndose de toda la porquería que a veces es uno, y que termina pidiendo sabiduría para poder esclarecer los signos de los tiempos, como ellos acostumbran a decir.
Justamente la Iglesia Católica está pasando ahorita por una crisis tremenda.
Si postmodernismo es crisis, una de las instituciones más en crisis es la Iglesia católica. Ese silencio maravilloso, el que ya no dice, pero ha dicho mucho, y está diciendo desde el silencio, también nos permite traducir una Iglesia en decadencia.
Bueno, es horrible, pero vamos a repetirlo: una Iglesia en muchos segmentos pedófila da que preocupar. Significa que en el fondo la Iglesia, anquilosada, que ni siquiera ha actualizado sus estudios en los seminarios, en los conventos, en todo lo que constituye sus centros de formación. Porque si hubiera una formación actualizada, una formación que también acompañe al hombre, estos tipos que de pronto hacen perversiones, por hablar de pedofilia, porque no es el único error, están vinculados con este pensamiento que no trata de renovarse. Si los ministros de Dios tuvieran una educación sexual, si se atrevieran a romper con los tabúes, otro gallo les cantaría. Entonces parece ser que el monstruo se devora a sí mismo, se está destruyendo a sí mismo.
N—Entonces ¿podría decirse que con su silencio los teólogos de la liberación están esperando la transformación de la Iglesia Católica?
MM—Pero es un silencio que se explica, no es un silencio que se queda callado y ya no hace nada. Es un silencio que sigue acompañando igual, a la gente, que sigue dándoles consuelo, porque es lo que hace un teólogo.
Por ejemplo, tú lees Gracia y liberación del hombre, de Leonardo Boff, y lo que hace es ver a Dios ahí donde la Iglesia creía que no estaba. Ver a Dios en un prostíbulo. ¡Oh, Dios! Cómo hablar de que Dios pueda estar con una puta. Se oye feo, pero bueno, así le decimos, o una prostituta. Cómo Dios puede también estar entre los ladrones, no por justificar que se robe, porque nadie debe robar, pero a lo mejor los ladrones como Jean Valjean, que se roban un pan para darle de comer a sus hijos y no porque hayan querido robar. No hablando de los ladrones que sistemáticamente roban desde el poder: diputados, gobernantes, presidentes de la república, etcétera, sino de esos que ya no les quedó de otra que robarse un pan para darle de comer a su hijo que se estaba muriendo.
Lo que hacen los teólogos de la liberación también es: que nos demos cuenta que Dios estaba ahí, desde siempre, donde no se le quería ver. En los rostros que a veces nos dan miedo, pero miedo porque el miedo también ha sido introyectado por ideología. Entonces, también una labor de los teólogos, es una labor mucho de ternura, que Dios también está ahí, en las condiciones más infrahumanas que uno pueda imaginar.
N—Y este acompañamiento, ¿cómo puede incidir, por ejemplo, en ese miedo que se ha instaurado en la actualidad, hacia la situación económica a la que se enfrenta el mundo, y en la cual se toma en cuenta a los grandes sistemas financieros pero no a los excluidos, a los pobres?
MM—Hay incidencia también bastante práctica.
Tú te has enterado que en muchos grupos eclesiásticos, todavía se hace, afortunadamente, se lee la Biblia a la luz de la historia. Se termina con la pregunta: si Jesús viviera en nuestros días, ¿qué hubiera hecho?
Haz de cuenta, se lee la Biblia y se lee un acontecimiento. La gente es la que responde, no se trata de manipular a nadie. No, pues pondríamos más botes de basura en tal parte, para que deje de haber olores malos, vamos haciéndolo. Lo que se llamó comunidades eclesiales de base, fundamentalmente era eso, protestar contra el sistema no nadamás con la palabra, sino con hechos, con hechos de amor, con hechos reales. Entonces se hacían cosas maravillosas, y se reforzaban también horizontes que ya están en los pueblos.
Por ejemplo en Oaxaca. No en Oaxaca la ciudad, sino en los pueblos alrededor de Oaxaca, todavía siguen manifestando un horizonte maravilloso de servicio que ellos le llaman “tequio”, que significa compartir. Entonces en unos pueblos de Oaxaca, todavía, cuando alguien muere todo mundo colabora para el entierro, no dejan que los familiares gasten, si alguien no tiene caja todo el pueblo les hace la caja. Esto es reforzado por los teólogos de la liberación, desde el punto de vista práctico, y desde el punto de vista reflexivo, señalando las cruces que se imponen desde el poder. Es como un ir acompañando también desde la acción.
Por eso es que ves que de pronto tal padrecito, todavía en la actualidad, está en jaque, casi lo matan, tiene que refugiarse por allá o demás. Es más por esa práctica, que a veces desestabiliza ciertos órdenes del poder.
N--¿Entonces sí tiene un impacto concreto esta labor de los pensadores de la liberación en la realidad de los excluidos?
MM--Yo pienso que tiene un gran impacto. El silencio maravilloso de los teólogos nos permite también ver: silencio que se explica, el por qué se guarda silencio, no el silencio de las charcas.
También se debe a que en la actualidad el mundo por sí mismo ha dado qué pensar en la práctica ética. Si te das cuenta, hablamos de la desestabilización de la economía mundial y nos damos cuenta que poquito a poquito la palabra responsabilidad se pone de moda, pero no como una moda que está ahí por moda, sino como algo que tiene que estar. Nos damos cuenta lo importante que es la responsabilidad, es decir, la preocupación verdadera por el otro.
Y ahora en conferencias, en los bancos, en las empresas, se habla de responsabilidad. Ya no son sólo los teólogos de la liberación que necesitan decirlo, ni esforzarse, ni derramar sangre para eso. Es el mundo mismo, que se está dando cuenta que estamos en un perfecto desequilibrio. Entonces, por supuesto que hay concreción. Si hablamos de eso, si el teólogo como sacerdote habla de eso en la misa, el teólogo ya está fomentando una nueva conciencia, ¿no? En el fondo, de lo que se trata es de renacer con una nueva conciencia, con una conciencia ética, es decir, una conciencia que lucha por la dignidad, y el mundo mismo da que hablar de esos temas.

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