Hoy me desperté con ganas de tirarme en una alberca y estarme ahí todo el día hasta volverme caldo de Ceferino. Lástima que no haya albercas por aquí a las que pueda meterme. Da güeva ir hasta el balneario, además no hay nadie para cuidarme el changarro, que si no a lo mejor le decía a los cuates y nos íbamos de borrachos a Los Papagayos. Y luego un buen baño de vapor hasta quedar como uva pasa, por el calor. Creo que la última vez que fui a Los Papagayos andaba yo con la Jimena, y le puse un buen fajezote en las regaderas cuando nos estábamos cambiando para meternos a nadar, de esos que no se te olvidan en meses, pero después parece como si nunca hubieran sucedido.
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